A alguien del complejo mundo de la publicidad se le ocurrió la maquiavélica idea de introducir un anuncio de cuenta de ahorros, vacaciones o de lactobacilus en boca del hombre y de la mujer del tiempo. Así con calzador y disimulando un rotulito superior de publicidad encubierta que se ve sólo con las gafotas de cerca.
Vale que dentro de los espacios de entretenimiento dedicados a las masas te vendan un colchón o un seguro o una dieta de miel y pétalos de rosa... pues ya se sabe que el que paga manda y quien esponsoriza un programa desea parecer más directo que un anuncio grabado.
Pero que los presentadores del tiempo, informadores al fin y al cabo en una sección de noticias que pretende credibilidad tal como está el share y la guerra de cadenas algo a tener en cuenta, también te vendan toda clase de bienestar inducido, entre solecitos y paraguas con nubes, ya es el colmo de lo que secretamente piensan los equipos creativos del público, nosotros, y que finamente se define como target, que queda muy cool. Sea este objetivo a conquistar mejor que a derribar, que no lo tengo muy claro.
Ya lo decía Javier de Campos: la televisión es un invento donde te ponen publicidad y en los intermedios, una película. Y añado: o el infame verbo de Aída Nízar cuya aportación a la condición humana está ya más que probada. Y ahí sigue... porque vende. Es toda ella en sí un medio natural para vomitar y gratis.