Acostumbrados a los apremios de la Administración en cuanto se le debe algo. Sus ostentaciones de poder, a base de información transparente al servicio de todos, que más avergüenzan que otra cosa.
La RAI y diversas formas de siglas antipáticas e imposibles, que lo mismo parecen marcas de bebidas o entes de televisión, más que meras listas de morosos pregunto: ¿Con qué cara y con qué autoridad moral?, por no decir credibilidad, se defienden cuando no esconden, bajo el pretexto de la crisis, estas mismas instituciones y gobiernos que todos hemos sostenido y que un tanto por ciento de los que todavía trabajan hacen posible sin resultar en ello un peso equitativo entre los ciudadanos, para decir no sólo que deben sino que no se sabe cuándo pagarán.
He ido al maestro armero y me he vuelto con la reclamación de vacío. Así que siendo este un país donde la tal protesta de usuario o cliente, además de ser eludida de mala gana (igual que las placas identificativas de quienes atienden al público), está mal vista, dejo para muestra un botón.
A una amiga mía, desconforme con unas consultas médicas, le dijeron el otro día en la Seguridad Social: «Si no está contenta váyase a uno de pago». «¿De pago?», dijo ella, o sea como esta que pago yo. Y también dejó el ojal donde ceñirlo. El botón.
A ver si ahora que los gordos que mandan deben y mucho se vuelven más piadosos y caritativos con el deudor, aunque sea por empatía, ya que por mucho que deban ni a un Ayuntamiento o a una Generalitat se les cae la cara, más que nada porque es de cemento armado e insensible, y a las personas que todavía ‘la dan’ por ellos, tampoco. No se notan, no se sienten, no se ven y no traspasan, y más o menos miran esto, el dudoso honor de ser acreedor y deudor a la vez, como si no fuera con ellos.
Yo no imagino cobradores del frac, autónomos y cooperativas, enfermos sin cama y sin merienda, en la cresta del cabreo, sierra de motor en mano, persiguiendo a los ilustres alcaldes o consellers de economía, ministros de educación, concejales de urbanismo… pero desde luego que me cuente alguien cómo y quién embarga al sistema de la Administración, que el embargador que lo embargue, buen embargador será.