Miguel de Cervantes, en estos días, diría: «Terelu… si ladran es que montas en moto, usas Iphone, tienes madre venerada en las ondas y haces lo que te da la gana». Aunque dudo de que Cervantes prestara atención a estos patanes que usan el micro.
Está el patio televisivo revuelto con las fotos de Terelu en Interviú. Ella no es santa de mi devoción, trabajar en rumorología profesional y proporcionar titulares de según qué personajes puede resultar insano, pero bien si le gusta y no hace mal a nadie.
Pero que periodistas y tertulianos que van de serios o mesiánicos –Jiménez Losantos y compañía–, en un país donde todavía escuecen –bajo el pseudo escándalo y la hipocresía de contarlo muchas veces para propagarlo– los desafortunados comentarios sobre los labios y las fotos ofensivas manipuladas contra algunas ministras socialistas, hagan leña de este arbolito indica de por si el nivel intelectual de estos emisores de la información.
En la mujer española, las curvas vienen de serie. Ésta es una belleza que ha sido cantada, pintada y admirada. Las hay delgadas, es cierto, con mucho esfuerzo y sacrificio o eso tan bien sonante que se dice de ‘por constitución’.
Cada cual que sea como quiera y mejor se sienta porque por muy espirituales o menos superficiales que nos declaremos, el físico sí que resulta importante. Los feos, los menos delgados y las bellezas distintas, también tienen derecho a hacerse fotos y exponerse.
A Terelu Campos le digo que con esas críticas resulta favorecida; mejor ser neumática, ajamonada y saludable, sobre todo a ciertas edades donde todo se descuelga o arruga, que huesuda y ajada.Y que cabalgue lo que le queda con ese poderío de mujer española que de nada tiene que avergonzarse si el valor tiene de mostrarlo.