Tarde pero con dicha he leído el artículo de Jordi Barberà en el Diari titulado ‘Bla bla bla’. Estoy de acuerdo en la descripción de sus hechos y en casi todos los sentimientos que expone del día a día de esa convivencia parcial del idioma. Pero me sorprende o incomoda que se le llame castellano, limitándolo a un área geográfica ajena y distante propia de mentes más pequeñas –espero que sin mala idea– a un idioma que empezando por el traductor de Google y acabando por el Word office se conoce como español.
Así que creo en la capacidad de las personas en aprender lo que se le ponga por delante con un ingrediente llamado curiosidad y otro interés que da como resultado la cultura. Con Jordi Barberá, cercano, afable y consecuente, puedo conversar en catalán sin sentirme en desventaja a pesar del barbarismo que quiero descartar, porque efectivamente además de tener un nivel de filólogo y con título de esos que te dan porque lo vales, es también persona amplia de miras y de mente, que, como yo, y como ante aquel miliciano con la dificultad de mencionar el proyectil, su general, ha aprendido a decir «carchuto».