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Lorca despierta de su pesadilla

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J. MOYA ANGELER | 18/05/2011 10:06

Lorca, 17 de mayo. Los coches bloquean la entrada de Lorca de buena mañana. Los lorquinos comienzan a volver a sus casas de regreso de estas noches interminables en las que han revivido una y otra vez los terremotos. Hay vecinos que ya comienzan a trajinar cascotes, a derrumbar lo que amenaza ruina y a ordenar el caos que se produjo dentro de las casas.

En el ayuntamiento, una cola  de ciudadanos espera con paciencia su turno para registrar los daños, pedir ayuda y preguntar. Porque ahora toca preguntar sobre el futuro, con muchas preguntas, desde las que no tienen respuesta hasta las más banales.

Ayer, el ayuntamiento editó un bando y entregaba por las calles un folleto dando instrucciones. Han desfilado ya todos los personajes que buscaban salir en la foto y ahora toca la hora de la realidad, despertando de una pesadilla que se repite en todas las conversaciones. «El segundo terremoto fue como una explosión –coinciden casi todos- hasta el punto de  creer que fue una explosión de una bomba».

Explican que la tierra no se movió de un lado a otro, sino que subió y bajó de golpe y que cuando cayó, se agrieto toda la ciudad. «Lorca está rota por todos los sitios» ha dicho el alcalde Francisco Jódar en una frase que sintetiza una realidad palpable: no hay edificio que no tenga grietas por fuera o por dentro. Pero también está rota por dentro del ánimo, aunque le echa valor, porque ahí están estas colas para entrar en la ciudad, expresión de una voluntad de afrontar la realidad.

Hoy se cumple una semana desde los terremotos. Ha sido una semana de miedo, terror a que se repitieran. Una semana en vilo. Ahora, como si se hubiera doblado una esquina, toca la hora del ánimo o, quizás, del desánimo. En el ayuntamiento son muy conscientes de la fragilidad del espíritu en estos momentos. ¿Por dónde comenzar? ¿Estoy seguro en mi casa? ¿Quién y cuándo pagará todo esto? ¿Cuánto tardaremos a la felicidad de los días tranquilos de la ‘ciudad del sol’? Estas son las preguntas insistentes, buscando respuesta en su único interlocutor, el ayuntamiento y su alcalde, un hombre nada populista que se ve abocado a ejercer un liderazgo que, por modestia, no quisiera. Pero lo acepta. Su mensaje es que hay que ponerse a trabajar, que es la hora de los esfuerzos.

De momento, la ciudad respira serenidad demostrando que los lorquinos tienen un poderoso sentido común. De hecho, desde hace una semana todo está funcionando prácticamente a la perfección porque autoridades, técnicos y funcionarios están aplicando con naturalidad el sentido común. Como se diría técnicamente, están gestionando la emergencia sin manual de instrucciones, con un fino olfato sobre lo que es urgente y lo que es importante.

El ejército es otro pilar sobre el que se apoya Lorca. Por lo menos, impone el orden, pero también ayuda a desescombrar y, sobre todo, a atender a los ciudadanos.

La única sombra de duda que se cierne sobre la ciudad rota es si todas las ayudas prometidas llegarán realmente o quedarán en frases bonitas en plena campaña electoral. De momento, las compañías de seguros dicen a los vecinos que no arreglen nada, que primero hay que peritar los daños; pero los vecinos tienen prisa y quieren comenzar ya las obras de restauración. De momento, tienen ánimo, pero es un ánimo frágil.





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