Andamos casi toros los ciudadanos de este país y del continente preguntándonos qué es lo que realmente está pasando con la vida económica europea. El panorama de los diez últimos días ha ido obscureciéndose hasta una negrura que pone los pelos de punta. Parece que todo se hunde: los jefes de gobierno europeos no dan con la fórmula para salir del túnel, España no genera confianza internacional, Italia tiembla, y ahora se habla de Francia.
Si miramos el trasfondo de la situación veremos que hay dos bloques enfrentados: el poder político y el poder financiero. Señores, ha estallado la guerra entre ambos. El poder financiero, ese que alimentó tantas barbaridades en la última década, se ha organizado para castigar a los diferentes países y demostrar que el mundo no se mueve por ideas políticas sino por decisiones financieras. Digo financieras y no económicas. Porque ¿quién si no son los especuladores esencialmente los que agitan la situación? Especuladores son los que se mueven en las bolsas comprando y vendiendo, exigiendo más intereses para comprar deuda pública y haciendo bajar y bajar todos los valores. Llegará el día en que realizarán grandes beneficios con estas operaciones.
En el otro lado, gobiernos débiles, que llegan torpes, tarde y mal a poner remedio a la situación. En España, un presidente que ya ha anunciado elecciones; en Italia, un primer ministro acosado por los jueces y sin sentido de la oportunidad; en Francia, un Zarkozy en su peor momento de popularidad. Sin embargo, la gran esperanza, en estos momentos, para Grecia, Irlanda, Italia y España está en Zarkozy ¿O alguien cree que el presidente francés va a dejarse humillar gratuitamente? Los franceses, con una vocación eterna de liderar Europa, no van a permitir que se les ponga en el mismo saco que los países débiles. Su reacción, me temo, podría ser decisiva y acabar con esta historia en donde sólo sale ganando Alemania (otra vez, ahora en silencio y con mano izquierda, Alemania quiere mandar en Europa)
Es la guerra. La guerra de los que corrompieron un sistema bancario para alimentar la burbuja inmobiliaria (una burbuja, por cierto, invento del Partido Popular y de Aznar, que ahora deberían ser corresponsables de lo que ocurre) contra la debilidad política. ¿Están detrás los poderes ocultos que, dicen, mueven realmente el mundo? Lo dudo, pero la coincidencia de tanta unanimidad para imponer su ley asusta. La guerra contra los políticos, auténticos personajes de segunda fila como son Rodríguez Zapatero y Rajoy. Gentes que no conocen la realidad de lo que les rodea y viven de espaldas a todo. ¿Han visto cómo el PP ha pedido un adelanto del adelanto de las elecciones, simplemente porque comprueba que Rubalcaba les come el terreno y van a perder la mayoría absoluta? Un acto de irresponsabilidad enorme. Pero ¿vamos a pedir responsabilidades a Rajoy que nunca afrontó con serenidad (recuerden el caso del Prestige) ninguna situación difícil?
Mientras, la calle se agita, el clamor popular por un “¡hagan algo, que esto se hunde!” está en boca de todos. Hemos perdido toda confianza en los políticos y no sabemos dónde asirnos. Empezamos a padecer el síndrome del naufrago, que consiste en tratar de sobrevivir, que ya es mucho. Entre tanto, el cinismo de los financieros que parecen disfrutar con sus obscuras maniobras, hace que nos tambaleemos aún más.¿La solución? Ciudadanos cabales, decididos, con empuje e ideas claras, al mando de nuestros países. Los necesitamos con demasiada urgencia.