Siempre me he considerado afortunada por vivir en el centro de la ciudad, aunque ello conlleve no disponer de muchas zonas verdes a mi alrededor, y le cuento el porqué:
Desde los 9 años (actualmente tengo 26) en mi familia hemos tenido perros.
Durante los 13 años que mi primera mascota vivió con nosotros, el Parc de la Ciutat fue sitio de encuentro con otros perros, y no tan solo se sociabilizaban ellos, sino también los dueños, en situaciones muy diversas; padres y madres de familia, gente separada, jóvenes, viudos y viudas y niños como yo.
Crecer en un ambiente de respeto hacia al animal, interactuando a diario con varias generaciones en distintas situaciones personales, te hace enriquecer de una manera, Sr. Ballesteros, que quizá no logre comprender, porque el respeto al animal se convierte al paso de los años en un respeto a todo ser vivo y, por supuesto y esencialmente, al ser humano.
Al morir esta perra y tras unos años de madurez personal, en el momento de mi emancipación decido compartir mi vida con otra perrita rescatada de la perrera, y por supuesto no dudo en acudir de nuevo al Parc de la Ciutat, pero las cosas han cambiado...
Por supuesto me he encontrado con otro grupo de gente maravilloso con el que cada tarde me entretengo mientras nuestras mascotas juegan, pero ¿con qué nos encontramos?
No podemos soltar a los perros bajo multas desorbitadas, perseguidos y vigilados por policía secreta (madre mía, que no somos delincuentes), argumentos absurdos para sacarnos el dinero (que las arcas municipales estén vacías no es culpa nuestra, Sr. Ballesteros), ningún sitio donde poder llevar a nuestras mascotas para que corran libremente, lo tenemos todo prohibido.
Eso sí, Sr. Ballesteros, el parque está lleno de vagabundos con sus cartones de vino, que orinan y defecan (y estos sí que no lo recogen) y niñatos que en vez de ir a clase fuman porros a merced de niños pequeños y peleas entre bandas a plena luz del día. Pero esto la secreta no lo ve, van sólo a por los dueños de los perros, culpables absolutos de la degradación del parque... ¡Lo que hay que ver!