La Guàrdia Urbana de Tarragona, lamentablemente, no siempre hace bien su trabajo. Y en esta carta quiero denunciar la injusticia de que fui objeto el viernes día 16 de julio, durante las fiestas de la Virgen del Carmen.
Un acto tan sencillo como quemar un petardo acabó en una detención, la mía, sin apenas mediar palabras entre el agente que me llamó la atención y yo. Además, acabé con algunos golpes de los que tuve que ser atendido en el Hospital de Santa Tecla. Fue un abuso de autoridad sin paliativos, algo que no se entiende en una sociedad democrática en la que supuestamente vivimos y un peligro para todos, ya que se puede acabar esposado por una nimiedad.
No pongo en duda que las personas que tienen que velar por nuestra seguridad están preparadas para ello, pero también es cierto que algunos agentes deberían ser supervisados y controlados antes de dejarles realizar una función para la que posiblemente no estén a la altura, provocando a los ciudadanos más problemas que soluciones. Casos como el de este servidor no deberían quedar impunes.