La abolición de las corridas de toros en Catalunya es ya un hecho. No pasa nada. Como hicieron millones de personas en tiempos de Franco, emigraremos a otros parajes para poder ejercer nuestra libertad, ésa que no entiende de política ni leyes, con el convencimiento de que nuestros políticos seguirán ejerciendo el sentido común y la natural coherencia de la que siempre presumen en su lucha contra el maltrato animal cerrando en breve el Zoo de Barcelona, siguiendo con las numerosas cárceles y guetos de animales que se encuentran a lo largo y ancho de toda Catalunya, mantenidos y destinados en su mayoría por y para niños, familias, colectivos de menores (colegios, asociaciones), que felices acuden a hacerse fotos con prisioneros de fondo en una situación totalmente arcaica y prehistórica. ¡Qué bonito queda un oso del Tíbet en Barcelona y unas jirafas de la sabana africana!
Propongo encerrar de por vida, en un recinto vallado de unos, seamos generosos, 25.000 metros cuadrados, a parte del Parlament que ha abolido las corridas de toros bajo una supuesta pena y dolor hacia el maltrato animal para ver cómo se sienten. No creo en la coherencia política, no creo en la sinceridad política, no creo en las palabras de un político, no creo en las promesas de un político y no creo en las plataformas con fines políticos. Sólo creo en la profunda inutilidad de cualquier acto de tipo político, como la abolición de las corridas de toros en Catalunya, que tendría sentido si también cerraran todas las cárceles de animales. Pero como son mercenarios, en su mayoría, que sólo se mueven por intereses propios, propuestos por terceras personas, no lo harán. ¿El maltrato animal? ¡Les importa tres narices! Y si no, ya me diréis cuando cerrarán el zoo.