Pilar Rahola, tertuliana profesional, ha dicho en La Noria de Tele5 que le pone nerviosa que una mujer diga en la tele que ha sido maltratada en su casa y por su pareja. He observado detenidamente como se manifiesta y sólo le falta cantar una ranchera que dice entre estrofa y soniquete: y mi palabra es la ley.
Cuando esta señora habla, impone. Parece que sentencia, no que solamente opina, pues a su contra en el parecer todo suena o se ve, menos culto, menos sabio, menos respetable y menos libre en la expresión.
Voy a pasar por alto la gran antipatía que sus formas han generado contra Catalunya y los catalanes, entre ellos yo, a quienes no representa. Pero sí quiero decirle que a mí y a la mayoría lo que si nos pone nerviosas es –por vivido y por conocido- escuchar al otro lado de una pared, de una puerta o del patio de luces, como un macho agresivo se ensaña con una mujer indefensa. O un llanto ahogado. O verlo. O intuirlo en el ascensor y en la calle. O saberlo, de una amiga, de una familiar…de una vecina o de ti misma. Eso sí pone nerviosa y mucho. Si de algo ha servido el efecto mediático de algunas famosas y menos famosas, ha sido sin dudar que superando su vergüenza, humillación y ‘pose de aquí no pasa nada’ mujeres de toda clase social se hayan plantado delante de una cámara y hayan explicado su experiencia, animando con ello a tantas y tantas mujeres a hablar y denunciar.
Señora Rahola, créame…flaco favor le hace a la mujer que se siente insegura. Usted habla de lo que le da la gana. Y llega a irritar. En este caso, y sin rozar la frivolidad en este tema puedo decirle que estas cosas no se pueden ‘sufrir en silencio’. Cuantos más sepan quiénes son sus vecinos y puedan dar fe y testimonio de sus atropellos, mejor para la mayoría. Hablo siempre en beneficio de la misma, mejor para este sector que necesita además de valentía y voz, protección. Así que si le pone nerviosa que alguien declare en ‘su tele’ que ha sido maltratada tómese una tila y escuche porque, lejos de victimismo y protagonismo malentendido, lo que prima es la verdad y a cuantas más mujeres se ayude con la valentía de unas pocas, mejor.
Usted no ayuda. Sólo censura, omite y critica todo lo que desde su posición ni vive ni comprende desde su cómoda vida pagada a costa del contribuyente…como no. Cualquier mujer que ha dicho en público lo que ha padecido es una heroína y un ejemplo para las demás cuyo miedo esconden o paralizan. Líbrenos el Señor, señora Rahola, de su dominio y verdad absoluta.