¡Qué mañana más estupenda hemos pasado en la Festa de l’Hort, de la escuela Olga Xirinacs! El sol y la lluvia jugaban al escondite y durante un ratito aparecieron juntos para darse un abrazo.
El Sr. Antonio (yayo pichu), con ayuda de Esther, plantaba menta y tomillo, papás, mamás y niños llenaban bolsas con laurel, descubrimos un pino, lijamos y pintamos los bancos de color verde y el huerto nos seducía con un dulce olor a tierra húmeda. Dentro de la escuela, unas mamás muy entregadas acababan los carnets para la ‘Biblioteva’, mientras tímidos rayos de sol se colaban por las ventanas. Rat (la directora) coordinaba las tareas con una sonrisa, y el movimiento de personas aquí y allá parecía harmónico.
El deseo es algo misterioso, pues a pesar de los avatares que ha sufrido la escuela, muchas familias mantienen la misma ilusión por el Olga Xirinacs. Spinoza (el filósofo) nos dijo que el deseo es la esencia del ser humano y también que busca perseverar en el ser.
Pertenecer a esta pequeña escuela es para nosotros una oportunidad de dar sentido a una faceta de nuestra vida. Cuando este deseo se mantiene unido a una verdad interior, por un compromiso con uno mismo, puede resultar incómodo en algunos estratos de la sociedad, pues no busca la adulación, ni complacer al político o al poderoso.
¡Gracias por este día!