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Dos tazas

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Dánel Arzamendi | 06/03/2011 16:33

La confirmación del aterrizaje de Ikea en la ciudad de Tarragona ha supuesto un serio varapalo para aquéllos que aún soñaban con resucitar la antigua centralidad económica de la capital del Baix Camp. Su valioso alcalde lleva años intentando camuflar con inversión pública lo que la pragmática realidad económica le niega machaconamente, arriesgándose a terminar sus días como la Norma Desmond de la política local. Su consistorio había apostado fuerte en esta partida, aireando públicamente una éticamente cuestionable contraoferta que buscaba dinamitar un proyecto puesto en marcha en la demarcación vecina. Tras la apertura de El Corte Inglés en la Rambla Companys, el Ayuntamiento de Reus se vio obligado a echar el resto con la multinacional sueca, ya que un nuevo fracaso podría ser considerado el definitivo obituario de su tan cacareada capitalidad comercial. En una provincia demográficamente diseminada, cuyo principal núcleo urbano apenas supone la quinta parte de la población total, los flujos de compradores constituyen la clave del progreso mercantil. Estas corrientes suelen generar un modelo gravitatorio: cuanta más oferta se acumula en un emplazamiento, más posibilidades tiene ese lugar de captar los próximos desembarcos. Así, es más que probable que la elección final de Isidoro Álvarez haya sido determinante en la decisión de Fnac de buscar local por esa misma zona. En este ámbito, el que gana se lo lleva todo, y el que pierde se hace invisible.
Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, permítanme incluir un inciso sobre un proyecto público hibernado, vinculado a esta cuestión, que fue inicialmente planteado por el antiguo Tripartit. Se refiere a la posible construcción de un gran edificio administrativo en los terrenos que quedarán libres tras la inauguración de la cárcel de Más d’Enric, donde irán a parar todas las delegaciones territoriales de la Generalitat (al edificio, no a la cárcel, espero). En mi opinión constituiría un gravísimo e irreversible error desaprovechar comercialmente este solar situado en uno de los principales focos de crecimiento económico de la ciudad. El Corte Inglés suele generar a su alrededor un gran cinturón mercantil, que en nuestro caso se ha visto limitado por la escasa disponibilidad de locales en los edificios de la zona (un futuro centro deportivo, una residencia de estudiantes, una parroquia, un instituto, los juzgados…). Dando por descontado el carácter positivo de la iniciativa, y al margen de la eternidad que tardará en ver la luz, deberíamos compatibilizar la conveniente centralización de las oficinas autonómicas con el aprovechamiento comercial de este emplazamiento. Quizás podría reservarse la planta baja del nuevo inmueble para su uso comercial en régimen de concesión, o plantear cualquier otra solución arquitectónica que evite la construcción de un mamotreto funcionarial que quede muerto a partir de las tres en un entorno económicamente irrepetible. Ya que habrá mucho tiempo para pensarlo, diseñemos este espacio con cabeza, por favor.
Volviendo al tema que nos ocupa, el alcalde Ballesteros ha tenido la fortuna de apuntarse unos éxitos privados, como la apertura de El Corte Inglés –mérito ajeno– o la implantación de Ikea –mérito propio– que pueden disimular la parálisis inversora en la ciudad. Pese a que no se trataba de una batalla partidista sino territorial (ambos ediles pertenecen a la misma formación, y la delegación de CiU en Reus ha bombardeado el proyecto capitalino con tanta virulencia como el mismísimo Pérez) todo apunta a que la llegada de la multinacional sueca será aprovechada por los estrategas del PSC local para salvar los muebles –nunca mejor dicho– ante la aparente falta de empuje municipal. Los grandes proyectos urbanos no terminan de ver la luz (EOI, fachada marítima, Nou Estadi, Renfe, Tabacalera, Banco de España, plaza de los Carros, etc.) y los pocos que iban a resultar electoralmente aprovechables (comisaría y Teatre Tarragona) han paralizado sus obras a pocos meses de la elecciones.
Las primeras sensaciones auguran para Tarragona una nueva victoria del PSC, que podría convertirse en estéril si CiU y PP suman más escaños conjuntamente. Los republicanos de Sergi de los Ríos bastante tendrán con lograr representación, y a ICV ni está ni se la espera. Victòria Forns ha visto cómo han menguado sus posibilidades de aprovechar electoralmente el parón del Ayuntamiento, pues representa a una federación cuyo Govern encarna como nadie el tijeretazo presupuestario. El contexto general favorece a los populares de Ale-Alejandro Fernández, que esperan lograr unos resultados impensables hace sólo unos años. Así las cosas, a los socialistas sólo les quedará explotar el tirón personal de Josep Fèlix Ballesteros, y dar mucho brillo a las escasas medallas que pueden colocarse después de una legislatura mediáticamente grisácea. Salvo sorpresa, y a falta de otros ganchos electorales, puede que el desembarco de Ikea ocupe un puesto destacado en la campaña socialista. ¡Bienvenidos a la república independiente de Tarragona!





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