Que la Sociedad General de Autores Españoles (SGAE) se ha ganado a pulso la antipatía popular con su persecución a los ciudadanos que osaban amenizar cualquier evento con un poco de música (bodas, peluquerías, restaurantes...) parece a estas alturas fuera de toda duda. Basta dar un paseo por las redes sociales para ver cómo Facebook y Twitter echan fuego con referencias a la entidad –por decirlo suavemente– menos querida por los internautas. Y es que el escándalo en que se halla metida la directiva de la SGAE es celebrado en la red prácticamente tanto como la consecución del Mundial por parte de España, hace ahora un año. Y, sin embargo, también ellos, los Teddy Bautista y compañía, merecen que se les aplique la presunción de inocencia –mientras no se demuestre lo contrario–. La merecen incluso aunque ellos no la hayan aplicado al resto de los ciudadanos, al exigir el canon digital y presumir que todos los que compramos un CD virgen somos piratas. Ya lo suelen decir, se cree el fraile que todos son de su aire.