Una niña sufría ataques de rabia y una vez arrancó el cabello de su niñera y le escupió en la cara. Su madre se lo afeó diciendo: «Esto te lo ha hecho hacer el demonio», a lo que ella repuso: «Lo de arrancarle el cabello, quizá sí, pero lo de escupirle en la cara fue idea mía».
Al contrario de esta niña, cuando alguien actúa mal no suele reconocer que fue idea suya el hacerlo.
En el caso de Alberto Contador, él fue el primer sorprendido de que se hallara en su sangre una cantidad, aunque infinitesimal, de una sustancia prohibida. Es parecido a lo que le ocurrió a Guardiola cuando jugaba en el Brescia y dio positivo en dos controles.
El tribunal deportivo máximo reconoce que probablemente no hubo voluntariedad y que pudo ser que un bistec fuera el origen de la minúscula contaminación. Pero se guía por lo que llama una ‘justicia objetiva’, sin tener en cuenta que lo más parecido a ella es una injusticia.