Parece que el mundo entero– y seguramente no les falta razón– se ha puesto de acuerdo en calificar al hasta ayer líder de Egipto Hosni Mubarak de dictador y de ser el causante de la situación económica que vive su país. A partir de ahora, visto el final de ese dirigente, parece claro que los países occidentales que hasta ahora habían mantenido relaciones cordiales con Mubarak empezarán a matizar esos apoyos con mil y una excusas, achacándolas a los intereses y a los condicionantes geoestratégicos.
Sin embargo, estos mismos líderes parece que no tienen ningún problema en visitar a otros dictadores del continente africano sin ruborizarse lo más mínimo. Este jueves, una delegación del Congreso encabezada por el presidente José Bono y que se completaba con representantes del PSOE del PP y el portavoz de CiU en el Congreso, Josep Antoni Duran i Lleida, se desplazó hasta Guinea Ecuatorial para reunirse con el presidente Teodor Obiang como si se reunieran con un presidente democrático de cualquier otro país. Por si eso no fuera poco, Bono nos dejó un retahíla de tópicos como lo del idioma común y otras sandeces. Pero lo peor de todo es que tras reunirse con el dictador dijo que «no se puede ignorar lo que nos une, que es muchísimo más que lo que nos separa». Espero que no se refiera al elevado índice de corrupción del país africano y al nulo respeto a la libertad y a los derechos humanos.