En los últimos años algunos ayuntamientos han aprobado ordenanzas de civismo como un instrumento para erradicar aquellas actitudes irresponsables que deterioran la calidad de vida de los habitantes de una ciudad. La norma regula las obligaciones y los derechos de los ciudadanos entre si y en relación al municipio. Este es el caso de Tortosa, por ejemplo, o más recientemente, el de Móra d’Ebre, que está en proceso de aprobación. No me resulta nada extraño que los ayuntamientos se doten de normas de estas características, independientemente que después para colmo de todos los colmos algunos consistorios no las apliquen a rajatabla. La degradación cívica es alarmante y la mala educación está en el orden del día.
Todas las mañanas llevo a mi hijo al colegio y constato esta degradación. A pesar que en el recinto escolar existe un amplio aparcamiento a un centenar de metros del edificio del colegio, un buen número de padres y madres prefiere aparcar su vehículo más cerca y encima de la acera destinada a los peatones. De nada sirve que el AMPA haya pintado de amarillo todo el bordillo. Sin embargo, el colmo de la mala educación es ver llegar a algún maestro o maestra que no tiene reparo alguno en aparcar su coche encima de la acera dificultando el paso de padres y alumnos durante todo el día. Estamos perdidos!!!