Cada vez que se convocan unas elecciones, vuelven a surgir las caras de siempre. El pasado sábado, la agrupación de Barcelona del PSC elegía a su candidato a la alcaldía para las próximas elecciones municipales. Uno de los aspirantes era Montserrat Tura, una política que no hace ni tres meses se presentaba como número 2 en las listas socialistas al Parlament de Catalunya. Si ahora es diputada, ¿qué hace aspirando a un nuevo cargo, y además en un municipio que no es el suyo –no pudo votar en Barcelona poque es afiliada en Mollet del Vallès, donde fue alcaldesa?
El baile de cargos y aspiraciones se da en todos los partidos políticos. Dos actuales concejales del Ayuntamiento de Tarragona –la convergente Victòria Forns y el republicano Sergi de los Rios– son alcaldables en las próximas elecciones municipales y también ocupan un escaño en el Parlament de Catalunya. Carles Pellicer lo será también en Reus para disputarle la alcaldía al socialista Lluís Miquel Pérez.
Un caso parecido es el de Josep Poblet. El alcalde de Vila-seca y presidente de la Diputació se presentó a las pasadas elecciones al ser, según los entendidos, la mejor baza que tenía CiU para ser cabeza de lista. Dentro de unos meses tendrá que dejar su escaño en Barcelona ante la imposibilidad de simultanear tantos cargos. ¿No sería mejor que todos tuvieran un solo cargo?