Pues resulta que les hace pupita. Que cuando se hace público que quieren estar al frente de listas políticas que nacen de laboratorios en los que se analiza al mínimo detalle como meterse en un ayuntamiento y tener un sueldo apañadito les molesta. Y claro. Pam, pam. A matar al mensajero. En campaña se llenarán la boca de transparencia. Y de libertad de expresión. Pero libertad de expresión no viene de exprimir. Nadie entiende que en pequeñas localidades se presenten decenas de listas políticas. Pequeño partidos que pueden decantar una alcaldía y hacerse con el poder. Y de ahí a pelearse por adjudicar el servicio de basuras o de querer ser el responsable de encargar desde unos aires acondicionados a la mesa de un despacho con agradecimiento posterior de la empresa escogida de por medio hay un paso.
No es que no lo crea. Es que lo niego. Las pequeñas localidades como las que tiene nuestra costa no necesitan tantos cargos de confianza, ni asesores, ni coordinadores que trincan la pasta que se llevan a final de mes. La que se sepa. Luego está la otra, la que se sospecha, que es mucho peor. Y más como anda el patio por la calle con familias que no llegan a fin de mes.
Porque ¿han visto muchas mejoras en sus pueblos? Pues a los que ustedes decidan no darles de nuevo la confianza se irán de rositas.