Los ciudadanos del Camp de Tarragona estamos acostumbrados a que cada vez que se habla de alguna infraestructura –ya sea a la hora de construirse e incluso de ponerle nombre– no haya un consenso en el territorio. El trazado de la autovía A-27 ha suscitado polémica sobre por dónde tenía que transcurrir. En su día, los municipios de la costa también tuvieron sus más y sus menos a la hora de determinar el recorrido del Corredor del Mediterrani.
Después de haber perdido la oportunidad de que los trenes AVE llegaran hasta la ciudad de Tarragona –es la única provincia por donde pasan los trenes de alta velocidad cuya capital no dispone de estación–, ahora han aparecido dos grupos divergentes sobre cómo afrontar la salida de mercancías del puerto y de las empresas químicas a través de una línea de ancho europeo.
Mientras todo parece indicar que el proyecto de la Façana Marítima –que permitiría sacar del centro de la ciudad la línea férrea– permanecerá durante mucho tiempo en el cajón, los principales sectores políticos y económicos apuestan para que las mercancías salgan a Europa a través del frente marítimo. Por su parte, el diputado popular Alejandro Fernández aboga por la línea Reus-Roda. La falta de un entendimiento puede hacer retrasar o anular un proyecto que se considera clave para la economía de la zona.