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Opinion editorial

La necesaria reunión entre presidentes

Deben desactivar el clima de tensión de cara al 21-D e iniciar un camino de negociación que restaure las buenas relaciones

 

Josep Ramon Correal

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Quim Torra en la feria avícola de El Prat de Llobregat. EFE

Quim Torra en la feria avícola de El Prat de Llobregat. EFE

Vamos a pasar por alto el espectáculo público de convocatorias a través de los informativos y de cartas remitidas sin necesidad de correo. Vamos a justificar que la presión electoral obliga a un postureo forzado para eludir los dardos de los rivales que están prestos a lanzarse sobre la carnaza. Vamos a obviar todo el teatro que acompaña la política 2.0. Superadas pues todas estas exigencias, Pedro Sánchez y Quim Torra podrían hacernos el favor de reunirse y concretar un plan razonable que saque al país de una situación cada vez más histérica que está causando graves daños a Catalunya y (no se olvide) también a España. Por ahora vamos en la buena dirección. El vicepresidente de la Generalitat, Pere Aragonès, respondió ayer tarde a la carta de Carmen Calvo ofreciéndose a negociar los términos de una reunión el 21-D, coincidiendo con el Consejo de Ministros en Barcelona, aunque evitó definir el formato. Desde la Moncloa se ha insistido en que la cita debería ser entre Pedro Sánchez y Quim Torra, pero desde el Palau de la Generalitat quieren discutir la posibilidad de que sea más amplia, con la presencia de ministros y consellers. La carta de respuesta de Aragonès afirma que el Govern «comparte la voluntad de avanzar en la senda de diálogo constructivo que debe acompañar la relación entre gobiernos». Ahora hace falta pasar a los hechos. El clima de distensión se hace más necesario ante el clima de tensión que los grupos extremistas se han encargado de crear de cara a la celebración del Consejo de Ministros del 21-D. Pedro Sánchez prometió la reunión del Ejecutivo en Barcelona como gesto de distensión. La deriva que han tomado los acontecimientos ha provocado que lo que debía significar un paso hacia la aproximación se quiera leer como una provocación. Es imprescindible desactivar los ánimos que sólo pretenden enturbiar más la situación, ya sea para provocar de nuevo la activación del artículo 155, ya sea para explotar las rentas del victimismo. La responsabilidad de evitarlo está en manos de los presidentes.

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