Ariadna Jové, de 25 años, voluntaria del Movimiento Internacional de Solidaridad (ISM) saltó a primera plana el 8 de febrero, al ser detenida en Ramala por el Ejército israelí
Cómo se encuentra, pasados ya dos meses de su detención por el Ejército israelí?
Muy bien, ya recuperada.
¿Y anímicamente?
También muy bien. Después de todo lo que ha pasado, me he dado cuenta de que debo enfocar la acción en favor de Palestina de otro modo. Que hay otras vías de lucha ya lo sabía, desde luego, pero antes quería implicarme sobre el terreno.
El embajador de Israel en España, Raphael Schutz, dijo que la entidad a la que usted pertenece es violenta.
No es cierto. El Movimiento Internacional de Solidaridad apoya iniciativas no violentas surgidas de los comités de resistencia popular palestinos.
¿Qué son?
Agrupaciones civiles para hacer frente a la ocupación israelí, como manifestaciones contra el muro y el apartheid, por la obertura de vías de comunicación, reinvidicaciones respecto a los presos palestinos...
¿En qué situación está usted, desde el punto de vista legal?
El juicio en Tel Aviv el 22 de marzo se centró en dos líneas: una, la que discutía la legalidad de mi secuestro tras una detención contraria a los acuerdos de Oslo, quedó abortada porque Israel siempre acaba alegando motivos de seguridad.
¿Y la otra?
Mi deportación de Israel. Era una lucha perdida, puesto que no disponía de visado israelí. No tenía ninguna posibilidad, por lo que decidí marcharme incluso antes de la sentencia, que aún no se ha emitido.
¿Considera su marcha una derrota?
No es una derrota en ningún caso. Siempre supe que podía pasar. Si Israel me ha obligado a marcharme es porque realmente estaba haciendo bien mi trabajo, en el que creo.
¿Su capacidad de acción se verá ahora debilitada?
No lo crea. Mientras allá era una extranjera que dependía de un visado de Israel, aquí soy ciudadana española y europea, con todos mis derechos, tengo más fuerza y puedo hacer más.
¿Qué es lo que se propone?
Seguir dando a conocer la situación de Palestina, que desde la ofensiva militar israelí sobre Gaza de hace un año no salía en las portadas.
Su arresto hizo que se volviera a hablar de los palestinos.
Sí, pero tampoco quiero que el foco se ponga sobre mi persona. Lo que quiero que se conozca es que dos millones de palestinos soportan en Cisjordania el apartheid israelí.
¿Vivió el desafío de Netanyahu a Obama con los nuevos asentamientos?
Lo seguí porque hay que leer la prensa y saber lo que sucede, pero ¡la realidad está tan alejada de los discursos! Quedan a un nivel elitista frente a las agresiones diarias sobre una población que no habla ni de Obama ni de Netanyahu.
¿Cree, como la Autoridad Nacional Palestina, que en 2011 habrá un Estado palestino?
La solución de los dos estados es imposible, vista la multiplicación de los asentamientos israelíes. La ANP no quiere o no puede reconocerlo. Y tiene el problema de su corrupción.
¿Qué otra solución hay?
Sólo el boicot contra Israel.
¿Un boicot no haría todavía más difícil el diálogo?
El diálogo no es el camino para Oriente Medio, sino la justicia. Llevamos 60 años de diálogo, sin resultados. La justicia tiene que hacer pagar a Israel todos sus delitos de estado racista.
Presume de ser la única democracia de Oriente Medio.
Cualquier judío de cualquier parte del mundo puede obtener la nacionalidad israelí. El millón y medio de árabes israelíes, palestinos de 1948 que se quedaron en la Palestina histórica, viven discriminados. ¿Esto es democracia?Israel la tiene ‘fichada’. ¿Qué siente al pensar que no podrá ver más a sus amigos allí?
Siempre hay esperanza. Las amistades las conservaré gracias a la tecnología, y mi compromiso con Palestina lo mantendré. Y, un día, regresaré allí.
¿Se siente comprendida?
Mi familia y mis amigos siempre me han apoyado. Sí percibo cierta desinformación sobre Palestina y la política en general en una parte de la juventud. Los medios de comunicación me ayudan, pero esto también me frustra un poco. Lo hacen porque soy de aquí, pero el debate no soy yo. Debe ser otro. El debate es Palestina.