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La bomba de insulina, la receta de la normalidad para algunos diabéticos

El avance tecnólogico de estos aparatos, que cada vez son más ligeros y con más aplicaciones, favorece su implantación entre los adolescentes 

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Begoña Ruiz | 01/02/2009 20:51

Georgina Agell es una reusense de 17 años que estudia el módulo Activitats Fisicoesportives en el Medi Ambient, se confiesa como una joven apasionada del deporte, desde siempre. Practica hípica, natación, escalada, BTT y senderismo entre otras actividades. Sin embargo, bajo su camiseta, un tanto holgada, nadie se percata, a simple vista, que  esconde un aparato que le facilita la vida diaria y le evita tener que pincharse numerosas veces al día. Georgina fue la primera menor de Reus a la que le pusieron una bomba de insulina.

«A los siete años me dijeron que era diabética. Yo al principio no lo acepté muy bien, porque no entendía que no me dejaran comer chucherías y todo lo que a mi me gustaba», recuerda Georgina. «Yo no quería ponerme la bomba, porque era un aparato muy grande y me molestaría para jugar a futbito, montar a caballo... Pero cuando me ofrecieron la posibilidad de usar esta tan pequeña, me decidí», asegura.

En abril del 2008, y a través de una colaboración entre el doctor Albert Feliu, del hospital Sant Joan de Reus, y la doctora Mª Angeles Albisu, de la Vall d’Hebron, se le implantó a la joven reusense, en este último centro, la bomba de insulina que actualmente lleva. «Estaba desregulada, tenía una diabetes difícil y no la controlaba bien, ahora la bomba  me facilita tener un buen control. Puedo utilizarla en cualquier momento, incluso puedo administrarme insulina cuando estoy subida al caballo», explica la joven. «La miopía me salió por culpa de la diabetes, creo que es muy importante tenerlo controlado, porque si no... a largo plazo acabas pagándolo», advierte Georgina.

Desde el hospital Sant Joan de Reus, aseguran que en la ciudad sólo se ha instalado la bomba a tres menores de edad. Aunque, en la actualidad, sólo hay dos que la lleven, ya que, como explica el doctor Feliu «las necesidades no son las mismas para todos. Por ejemplo, una paciente a la que se le colocó, la dejó porque funciona mejor con el sistema tradicional. Ella iba a la piscina, se quitaba la bomba y luego se le olvidaba, entonces no tenía el control necesario».

La bomba de Georgina, además de ser de dimensiones muy reducidas, es sumergible y se puede programar informáticamente. La joven puede bañarse en la playa o la piscina, sin necesidad de desconectarla. Poco a poco, estos aparatos ofrecen más  facilidades a los pacientes de diabetes. Georgina confiesa que, si dentro de un tiempo, sale otra más pequeña, estará dispuesta a cambiarla, para tener una vida todavía más normal. Aunque esta joven sabe muy bien como compaginar el uso de este aparato con su vida y su estilo de vestir. Por ejemplo, tal y como explica, cuando lleva una camiseta ajustada, usa el bolsillo de su pantalón para llevar la bomba.  En definitiva, y como explica el doctor Feliu, «lo importante no es llevar o no una bomba, sino que los pacientes puedan hacer una vida lo más normal, dentro de lo posible».





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