De momento, la organización ha gestionado el rastreo de 80.859 metros cuadrados, donde ha retirado 20 artefactos explosivos
Una ONG de Reus trabaja en la desactivación de los campos de minas plantados en Bosnia y Herzegovina durante la guerra de los Balcanes. Un proyecto que empezó a gestionar el año pasado y con el que, en dos meses, ha conseguido rastrear 80.859 metros cuadrados, en los que se han desactivado una veintena de artefactos.
IGMAN-Acció Solidària es una Organización No Gubernamental para el Desarrollo (ONGD) que tiene sus orígenes en una plataforma nacida en Reus para ayudar a los afectados por la guerra de Bosnia, en 1992. Después de 17 años trabajando con proyectos de urgencia y en la reconstrucción de equipamientos y edificios destruidos por el conflicto bélico, la organización reusense se encarga de la desminación de las montañas de Bjelasnica, donde se celebraron los Juegos Olímpicos de Invierno de 1984. Esta zona fue sembrada de minas porque se convirtió en frontera entre el Ejército de la República Serbia y el de la República de Bosnia y Herzegovina.
A pesar de que hace tan sólo dos meses que sus miembros están realizando trabajos sobre el terreno, la ONG lleva gestionando este proyecto desde hace un año. A través de personas especializadas en desactivación de minas y que conocen la zona, IGMAN puede llevar a cabo su labor en los Balcanes.
Actualmente, se calcula que en Bosnia y Herzegovina hay 30.000 áreas minadas, donde hay alrededor de un millón de artefactos sembrados. Sólo la mitad de estas zonas están localizadas y acotadas. Aunque, en muchas ocasiones, la señalización no sirve de nada, explicaba la responsable del proyecto de IGMAN-Acció Solidària, Judit Aixalà, «porque la leña la necesitan y la pueden vender, por eso se arriesgan a salir a las montañas», además mucha gente vive de la pastura de vacas y cabras, por lo que se ven obligados a ir a las zonas minadas».
Según Aixalà, estos artefactos son muy efectivos en las guerras porque «lo que más duele en una sociedad civil es un herido. El muerto lo entierras, lo pasarás mal, pero ya está. En cambio, es mucho más duro el trauma para la gente que tiene un enfermo mutilado en casa al que debe cuidar».
Las minas terrestres aparecieron durante la Primera Guerra Mundial y su objetivo principal es evitar que el ejército contrario avance. Producir una mina cuesta alrededor de 2 y 3 euros, cuando localizarla y desactivarla puede suponer 300 euros. Por eso, los fondos que se obtengan en la XII cena solidaria organizada por la parroquia de Sant Bernat Calbó este próximo sábado, se destinarán íntegramente para este proyecto.