La enóloga, Assumpta Mateos, acompaña al ‘Diari’ en la primera jornada de ‘Reus Viu el Vi’ para recorrer las 57 bodegas que forman el evento
Sobre las cinco de la tarde quedó inaugurada la primera feria dedicada al sector vitivinícola de Reus. El sol brillaba con fuerza y el calor apretaba como un día de pleno verano. Allí se encontraba la enóloga Assumpta Mateos, que se prestó para hacer de guía al Diari y proporcionar a los visitantes los conocimientos profesionales necesarios para poder moverse por el certamen con soltura y criterio.
Como primera lección, Mateos señalaba como prioridad empezar el recorrido de Reus Viu el Vi teniendo en cuenta el momento del día. «Si la visita se inicia con un fuerte calor lo aconsejable es comenzar por los vinos blancos o cavas y seguir con los tintos y los vermuts cuando el sol ya esté amainando», explicaba esta enóloga después de recoger el ‘pack' en el punto de información, compuesto por una copa de cata, una bolsa y el catálogo oficial.
Mientras se dirigía al primer estand instalado en la plaza Llibertat aconsejaba escoger los vinos identificativos de la tierra. «Yo recomendaría no catar cabernets -una variedad de uva negra- porque es una variedad no originaria de la zona y los encuentras en todas partes. Creo que hay que centrarse en los productos del territorio», destacaba esta enóloga, sin dejar de mencionar la importancia de ferias como la de Reus para acercar el vino al consumidor de la calle. «Todavía hay que acercar más el vino a la gente», remarcaba.
El certamen, organizado por la Cambra de Comerç y el Ayuntamiento, está compuesto por 57 bodegas de las seis denominaciones de origen que engloban el ámbito territorial de la entidad cameral, es decir, DO Catalunya, Conca de Barberà, Montsant, Priorat, Tarragona y Terra Alta.
La primera parada fue el estand de la bodega De Muller, que Mateos describía como productores de vinos blancos de gran calidad, para catar el Chardonnay de Muller, galardonado con el primer premio en vino blanco fermentado en madera del Consell Regulador de la DO Tarragona. Pere Martorell, gerente de las bodegas, señalaba sus caldos como «muy afrutados y con una gran potenciación de los olores».
De los caldos De Muller, la enóloga se dirigió a la bodega Altavins -DO Terra Alta-. Ilercavonia fue la botella escogida que, al decantar el líquido en la copa, presentaba un color amarillo dorado. «Es un vino con un gran carácter y tradición, aromático y un poco más fuerte que el anterior», puntualizaba Mateos. Por su parte, desde este estand apuntaban que el precio en tienda era de unos 10 euros. Precisamente, Joan Arrufí, de Altavins, aconsejaba guiarse en el certamen por el precio, por la DO o por la variedad; blancos o negros.
Llegados a este punto, antes de iniciar la inmersión en los tintos, Mateos consideraba necesario rebañar la garganta con un buen cava para cubrir los espumosos. Caves Sanstravé -DO Conca de Barberà- contaban en la feria con una gama Brut Nature de gran calidad. «Una delicia», señalaba.
Vinos jóvenes y de crianza
El tiempo iba transcurriendo. Sobre las siete de la tarde el sol empezaba a decaer con la llegada de una fina brisa. En este punto es cuando se prestaba a empezar la cata de los tintos. El Celler Cedó Anguera -DO Montsant-pertenece a una bodega familiar que desde hace dos años tienen en el mercado «una línea de jóvenes y crianzas de gran calidad que destacan por su juventud», matizaba la enóloga mientras cataba el caldo.
Para terminar, Mateos proponía un crianza de alta calidad, uno de esos vinos con poca salida. «Una feria como ésta permite a la gente catar vinos que por su precio pocas veces pediría en un restaurante», apuntaban desde Gratavinum -DOQ Priorat-. Este caldo, de entre 35 y 40 euros en la tienda, destacaba, según Mateos, por su fuerte sabor y mineralidad. Con esta bodega concluía el recorrido por una feria que desea promocionar la ciudad y difundir y acercar la cultura del vino entre los ciudadanos.