Ernest Benach i Pascual inició su carrera política en 1980 dentro de Nacionalistes d’Esquerra, para pasar a ERC en 1987 de la mano de Josep Lluís Carod-Rovira. Apasionado de los ‘castells’ y el ‘escoltisme’, mantiene activos varios blogs en la red
¿Qué opinión le mereció el editorial publicado en defensa del Estatut por doce periódicos, entre ellos el ‘Diari’?
Aplaudo de manera entusiasta la reacción de los diarios y la agradezco. Además, quiero expresar un punto de envidia: qué lástima que los partidos catalanes no seamos capaces de hacer lo mismo que han hecho los periódicos.
A corto plazo, es posible que una sentencia contraria al Estatut dé alas a las consultas sobre la independencia. ¿Y después?
Hay un soberanismo tradicional, histórico, fruto de una reflexión, pero también aparece un independentismo mucho más pragmático, que llega a la conclusión de que para tener asegurado el bienestar y la economía hay que tener un Estado. Se tendrán que abrir todas las vías posibles. Yo sólo veo que hay una relación de España hacia Catalunya que alimenta mucho las dudas sobre si esta relación es posible.
¿Qué papel jugará el Parlament en defensa del Estatut?
El primero que tiene que defender el Estatut es el president de la Generalitat; después el Govern, y el Parlament. Pero la respuesta no tiene que venir sólo de las instancias políticas.
También de la sociedad civil.
El frente cívico tiene que expresar con contundencia lo que piensa el pueblo. Los ayuntamientos, también. En el fondo, las consultas populares son de ámbito local, y esto nos debe hacer reflexionar. Además, no descartaría que la cuestión del Estatut tenga respuesta científica.
¿Respuesta científica?
Hay unos juristas que dictan una sentencia. Pues bien, quizás tenga que haber otros que la respondan. I en el ámbito internacional tendrá que llevarse a cabo también alguna actuación en respuesta. Ya veremos cuál y cómo.
¿Qué fuerza real tendrían esas respuestas? ¿O serían sólo simbólicas?
Los símbolos son importantes, y mucho, como la cuestión de la dignidad. No se trata de hacer brindis al sol, pero hay posibilidad de articular respuestas prácticas, tanto desde el punto de vista parlamentario como desde el punto de vista gubernamental, como a través de los recursos que se puedan presentar, y, cuando toque, se pondrán sobre la mesa.
Habla de no acatar la sentencia.¿Es un problema tan sólo de lenguaje? ¿De qué hablamos, de conceptos?
Si hay una sentencia adversa y nos complica el autogobierno en cuestiones prácticas, aquí tenemos un problema grave. Este país no se puede quedar paralizado. Debe tomar la iniciativa. ¿Acatar? ¿Qué significa acatar? Si presentamos un recurso o combatimos la sentencia desde otros ámbitos, ¿la estamos acatando o no? ¿Es éste el problema? No.
¿Qué pasará con las leyes aprobadas de acuerdo con el Estatut? Se refiere a esto, ¿no?
Aquí es donde debemos actuar y tener respuestas claras. Si llegamos a una confrontación permanente, alguna decisión deberá tomarse, y el pueblo de Catalunya tendrá que actuar de forma sabia. El PP, por ejemplo, ha recurrido la Llei d’Educació. Es una indefensión permanente del autogobierno, que impide el bienestar de Catalunya, y esto es difícil de aguantar por mucho tiempo.
¿Es la sentencia del Constitucional sobre el Estatut el problema número uno de Catalunya?
No. Es la crisis y todo lo que comporta: paro, falta de crédito, familias que no llegan a final de mes. Lo que ocurre es que con el Estatut y la financiación resueltos, la lucha contra la crisis podría ser más efectiva, y es importante que la gente sea consciente de ello. Si no hay más herramientas contra la crisis es precisamente por esa voluntad de laminar las competencias del Govern.
Usted habló el pasado miércoles en el Fòrum Europa de ilusión. ¿Se puede estar a la vez preocupado e ilusionado?
Ante la crisis se plantean cambios, y hay que ser capaces de materializarlos. Ante el pesimismo hay que contraponer ilusión. No nos podemos conformar. Un país que no tiene ilusión por el futuro, ‘malament rai’.
Estaría pues en la línea del vicepresident Carod-Rovira, que asegura que vienen cambios importantes en política.
Los cambios vienen a todos los niveles. En la política catalana vendrán, por descontado. En la sociedad, en la economía... Hay que entenderlos y asumirlos.
Hablando de Carod-Rovira, qué ha pasado con el ‘pinyol’ carodista? ¿Le han salido grietas? Nadie le defendió cuando fue apartado de las listas de ERC.
Yo continúo siendo amigo de Josep Lluís Carod-Rovira y pienso y defiendo que tiene un papel absolutamente importante en el futuro del país y en el de ERC. Yo no hablaría de grietas. Hemos tenido una actitud prudente en un momento difícil. Se trata de ser responsables. Las formas no fueron afortunadas, seguro, pero ahora el futuro del partido pasa por que seamos capaces de estar unidos, un error histórico de ERC.
Los famosos ‘tics antisistema’...
Forman parte de la evolución del partido, y se irán superando. ERC es un partido de gobierno que ha hecho cosas bien hechas. La labor en el Govern no se nos ha valorado lo suficiente, y yo la reivindico.
¿Por qué cree que no se ha valorado la labor de ERC?
Ha coincidido con años de mucho debate, de mucho ruido mediático. El Estatut ha tapado –no por sí mismo, sino por las disputas entre PSOE y PP, que se lo tiraban a la cabeza– mucho trabajo a nivel legislativo: la Llei d’Educació, la de Serveis Socials, la de Habitatge. Leyes que representan una revolución en la manera de entender la sociedad del siglo XXI. A ERC le ha pasado lo mismo: ha habido batallas internas que se han magnificado más que la tarea de gobierno. Somos un partido serio. Hemos de hacer bien las cosas y explicar bien por qué la presencia de ERC en el Govern ha significado un avance para Catalunya.
Usted suena para tomar un relevo destacado en las listas. Y también se rumorea que se postularía para la alcaldía de Reus.
Mi momento municipal ya pasó. Estuve 14 años en el Ayuntamiento de Reus. Aprendí muchísimo y fue un honor trabajar para mi ciudad. Pero ahora la situación es distinta. En cualquier caso, en política debemos tener claro que somos efímeros. Hoy estamos, y mañana nos podemos ir a casa. Yo estoy a disposición de mi partido para lo que sea. Trabajaré para Catalunya, desde un sitio u otro.
¿Sigue usted la polémica entre Tarragona y Reus por el nombre del aeropuerto?
Mire, a mí me interesa el debate sobre el futuro del sistema aeroportuario catalán, saber cuándo el Govern podrá gestionar El Prat, cuándo se desclasificarán los aeropuertos de Reus y Girona, para poderlos gestionar desde la Generalitat; cuándo haremos acciones para tener más compañías, cómo vincularemos todo esto con el sector servicios, con el turismo; cómo haremos llegar la vía férrea al puerto; cómo vincularemos las sinergias de puerto y aeropuerto... Y le digo una cosa.
¿...?
Quien no haga este debate es que no sabe dónde vive, y se ha equivocado de siglo. Es el gran drama de este territorio. Tenemos un potencial inmenso que perdemos por malditas y estúpidas batallas ‘de campanaret’. Y punto.
Hablemos de desafección política. ¿Piensa que se debe a los últimos casos de corrupción?
No. Son muchas más cosas. La corrupción no es inherente a la política, sino a las personas. En cuanto a la distancia político-ciudadano, viene de lejos: de un sistema electoral caduco, del lenguaje que utilizamos, de la imagen de que prima el interés de partido por encima del ciudadano... Los casos de corrupción han sido la gota que ha colmado el vaso. Ya se han tomado medidas contra la corrupción, pero queda mucho por hacer contra la desafección.
No ayuda que los políticos intercambien SMS de bajo nivel, o que el Parlament rechace tramitar una iniciativa legislativa popular con 105.000 firmas, como la de los transgénicos.
No, no, no. Son cosas diferentes. Los grupos parlamentarios tienen todo el derecho a votar a favor o en contra de una propuesta de ley aunque la presenten equis personas. Las reglas del juego están muy claras. Con los transgénicos ganó el ‘no’, y que conste que ERC estaba por el ‘sí’. Es legítimo y no hay crítica posible. No se puede comparar una cosa con la otra.
No las comparo. Pero no me negará que ambas contribuyen al desencanto hacia la política.
Una cosa es la participación ciudadana, que yo creo que es uno de los elementos de futuro más importantes en la manera de hacer política. Y otra cosa es la responsabilidad de cada uno. El episodio de los SMS fue muy desafortunado, evidentemente.
¿Y gastarse mil euros en una traducción para una delegación de Nicaragua?
El Parlament tiene tres lenguas oficiales: catalán, castellano y aranés. Como presidente debo garantizar, y garantizaré siempre, que un diputado pueda expresarse en catalán. La traducción por la visita de un grupo de Nicaragua no se hizo para verter del castellano al catalán, y quienes dicen que fue así saben que no es cierto. Esto no se hace nunca. Un diputado ha de poder expresarse en catalán cuando lo desee; o en castellano, como hacen algunos sin que haya ningún problema. Querer hacer de esto un conflicto debe dar votos a según quién, pero al país y a la institución le hacen muchísimo daño.