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La ciudad más refugiada

Los últimos hallazgos y estudios sitúan en 150 los refugios que hay en Reus, que lo convierten en el segundo municipio de Catalunya más prolífico. Algunos presentan un buen estado de conservación 

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Francesc Gras | 14/07/2010 20:16
Josep Martí en la entrada del refugio situado en el centro cívico Llevant, en el barrio Horts de Miró. - PERE FERRÉ

«Mi abuelo y dos parientes más cavaron el refugio con un pico y una pala como medida preventiva antes de que estallara la guerra. Unas trece bombas cayeron cercanas a la masía». Éste es el relato de Josep Martí Torroja sobre el último túnel antiaéreo que se ha encontrado en la ciudad y que está ubicado en el Mas de l’Hort dels Canonges, actual centro cívico Llevant. El túnel está en estado óptimo y el Ayuntamiento tiene intención de habilitarlo, en un futuro, para que se pueda visitar.

Su hallazgo fue posible gracias a Torroja quien, a pesar de ser muy pequeño, recuerda cuando todavía estaba sin tapiar y su madre lo utilizaba para guardar la fruta y la verdura. Y es que él procede de una familia que lleva cuatro generaciones dedicadas a las plantaciones de huerta para vender su producto después a los payeses.

El refugio del Mas de l’Hort dels Canonges es uno de los 107 refugios, tanto de carácter público como privado, que existen en la ciudad. Éste número corresponde al mapa elaborado el año 38, ya que trabajos posteriores han documentado sólo en la zona centro hasta 150. Tal y como expone el archivero municipal, Ezequiel Gort, la capital del Baix Camp es el segundo municipio de Catalunya con más refugios antiaéreos. «La ciudad fue la tercera más castigadas del país por la importancia de su industria. En total fueron 67 bombardeos entre el 7 de julio del 37 hasta el 15 de enero del 39», relata Gort.

La mayoría de refugios son de galería, hechos con hormigón y vuelta de baldosa, como es el caso, por ejemplo, de la finca del barrio Horts de Miró. Si bien los túneles antiaéreos privados eran un mecanismo de defensa pasiva de sus familias, los públicos hacían la misma función para toda la ciudad. Entre estos destacan los del paseo Prim o el de la plaza Mercadal. El más grande era el que se cavó en la plaza Llibertat, que desapareció con la construcción del parking pero que estaba en  mal estado.

Plaza Patacada

La conservación de las arterias subterráneas de la ciudad son «una forma de mantener viva la historia de la ciudad», destaca el propio Gort. La voluntad para mantener el recuerdo de una difícil época queda patente en la reforma del que está ubicado en la plaza de la Patacada. Se trata de un largo túnel que, en su día, contó hasta con cinco puertas y que presenta un estado inmejorable.

Por este motivo, cuando termine la construcción del centro cívico y del Casal de la Dona se abrirá a la ciudadanía para poder visitarlo. Y es que aún siendo una de las ciudades catalanas más refugiadas, según datos aportados por el propio Gort, no se pudo evitar la muerte de como mínimo unos 200 ciudadanos. 





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