Después de restaurantes y de bazares, los chinos se lanzan ahora a la compra de bares. El horario y unos precios competitivos, principales reclamos para los clientes
Hace una década, la comunidad china de la mayoría de nuestras ciudades tenía como negocio principal los restaurantes chinos, enormes locales repartidos por la ciudad que sirven comida oriental. Después, hará unos cinco años, estos ciudadanos fueron adquiriendo la mayoría de tiendas que originariamente eran conocidas como ‘Todo a 100’, para reconvertirlas en los actuales bazares, donde se puede encontrar prácticamente de todo.
La última escalada comercial de esta comunidad en Reus, desde hace unos tres años, es la compra de bares de barrio de toda la vida. Este fenómeno se ha multiplicado este último año y se calcula que actualmente hay más de 40 bares de chinos en la capital del Baix Camp. Bares de toda la vida que ahora los regentan esta comunidad. Ni siquiera cambian su nombre original, ni tampoco sirven comida oriental. Son bares normales de barrio, donde sirven las típicas tapas, en algunos incluso hacen menú, y son perfectos para tomar el café con leche de la mañana, la caña del mediodía o la copa de la noche.
Los más de 40 bares están repartidos principalmente por la segunda corona de la ciudad. En el centro aún no hay ninguno pero es cuestión de tiempo. Hay al menos cinco en el Raval Robuster, cinco más en las inmediaciones de la avenida Països Catalans, cinco también en el Carme, tres en el Carrilet y decenas más diseminados por la ciudad. Destacan bares muy conocidos en Reus como el Alhambra, Las Caramelles, Hípica, Alfonso o el antiguo Oklahoma. Todos ellos, ahora en manos de chinos.
Hay una minoría que ya lleva como mínimo tres años en este gremio. Son bares integrados al barrio. Como por ejemplo, el bar Les Caramelles o el bar Alfonso. El primero está cerca del centro, en el Raval Robuster, un bar con una buena cocina donde sirven menú, tapas y bebidas. Una de las camareras, Tingting, cuenta que el negocio lo compró su madre ya hace casi cuatro años. Tingting lleva seis años en Reus, ha estudiado en los institutos Gaudí y Vilaseca, hecho que le ha permitido aprender catalán. «Los clientes principales son catalanes y españoles. No he tenido ningún problema todos estos años. El bar está abierto a todo el mundo», afirma Tingting. Gracias al manejo de los dos idiomas, Tingting se ha integrado en nuestra ciudad, ha fidelizado clientes y ha convertido su bar en uno más del barrio.
Otro bar integrado es el Alfonso. Situado muy cerca de la escultura en homenaje a la Dona Treballadora, en el barrio del Carme, fue uno de los primeros comprados por chinos, hace ya cuatro años. El visionario fue Wei Jun Li. Antes hacía de intérprete y ahora los clientes le llaman ‘Alfonso’. Él afirma que: «Vengo de Shangai y ya llevo 16 años viviendo en España. Desde que llegué buscaba un negocio para toda la familia», explica ‘Alfonso’ con su hija cogiéndole de la mano. Este bar es conocido por todo el barrio y su propietario está totalmente integrado, evidenciando que cualquier ciudadano de esta comunidad puede regentar un negocio así.
El idioma
En los últimos dos años, la proliferación de bares regentados por chinos se ha disparado. Éstos, en su mayoría, aún no dominan el idioma y les cuesta integrarse. Tan sólo tienen las nociones básicas para ofrecer las bebidas o las sencillas tapas que sirven. Cuando son interpelados, la mayoría contestan con la misma frase: «Yo no hablo español».
Algunos de estos bares también notan la crisis, la falta de clientes en verano o algunas obras cercanas, como las del barrio del Carrilet. Es el problema del bar Alhambra, situado en el epicentro de la construcción del párking del Carrilet. Este bar se ha quedado sin terraza y con las molestias de las obras: polvo, ruido, poca visibilidad y difícil acceso. Chen, el propietario, comenta que:«Hemos dejado de hacer menús, la gente no come... antes ganábamos 300 ó 400 euros cada día y ahora sólo 80. También notamos la crisis».
Los bares de chinos se han hecho un sitio en el mercado, en la calle. La gente se ha acostumbrado a ver a chinos en los bares, eso sí, sirviendo. Ofrecen unos precios muy competitivos, sus horarios se alargan sinedie y su trato educado y servicial ha atraído a muchos clientes. En Reus hay unas 100 familias chinas, de un total de 679 empadronados, a fecha de mayo de este año.