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Recuerdos de la vida de un pueblo al detalle

Joan Totusaus dedica siete años a reproducir al mínimo detalle en una maqueta el frente litoral de Calafell en 1940 cuando la pesca era la principal forma de vida. Sólo quedan tres casas de las que había

Publicado: 10:01 - 29/06/2016


Está Cal Paco Calafat y Cal Salat. Y el Cine Iris cuando estaba frente a la cofradía de pescadores. Hoy sólo quedan tres de todas aquellas casas que había frente al mar de Calafell. De cuando no había paseo marítimo y sobre la arena de la playa aún se extendían las redes de los pescadores y las barcas descansaban en la orilla cuando no faenaban.

Calafell destapó la maqueta que el vecino Joan Totusaus, L’Estasi, ha construido durante siete años y que reproduce al mínimo detalle cómo era aquel frente litoral en 1940. «Quedan pocos de los que vieron ese Calafell», señala el autor de una maqueta que tiene 9 metros de largo y 1,5 de ancho.

En la cofradía

La obra ha quedado instalada en la antigua cofradía de pescadores, habilitada como centro de interpretación del pasado marinero de Calafell. En el edificio se narra, con explicaciones de quienes lo vivieron, cómo fue la época en la que la pesca era la principal forma de vida y cuando surgió el barrio pescador.

La maqueta es una minuciosa recreación del frente litoral del tramo que hoy delimitan las calles Carrerada d’en Ralet y Montserrat. Para la construcción Totusaus se ha basado en imágenes antiguas, pero también en los recuerdos de quienes vivieron en algunas de las casas que ha recreado con precisión milimétrica. «Me explicaban incluso de qué colores eran los toldos».

El Bar La Marina

La maqueta del Estasi ha hecho recordar a muchos el Bar La Marina, también desaparecido y que era un punto de encuentro de los vecinos para hacer la partida. Y añoraron la taberna anexa donde se iba a buscar el vino. También el bar en el que principalmente se reunían los jóvenes porque cuando llegaba el buen tiempo «sacaban una gramola para bailar» junto a la fuente.

Hasta está la panadería «que por falta de espacio dejaba la leña en la arena de la playa». Y Cal Vidal y hasta Cal Estasi, donde creció el creador de la maqueta. «Ha sido una forma de recordar y de emocionarse», explica Joan Totusaus, que durante un tiempo fue pescador pero que acabó dedicándose a la carpintería.

Totusaus incluso llegó a construir patines catalanes, una embarcación que tuvo una gran presencia en la playa de Calafell. El creador de la obra también ha hecho las barcas que reposan en la arena de la maqueta. «Con sus nombres originales», las velas desplegadas y las artes de pesca en la arena. Era así.

El Bot Salvavides

La histórica barca del Bot Salvavides, que durante décadas se usaba para rescatar a los pescadores que no podían ganar la costa en días de temporal, destaca entre las barcas. Y la nave donde se resguardaba y «donde se quedaban colgadas en su techo las pelotas cuando jugábamos en la playa». La minuciosidad de la obra es tal que la arena de la playa de la maqueta fue rastrillada y L’Estasi hizo hasta pequeños pasitos para mayor realidad.

Es como asomarse a un pasado que ya pocos recuerdan. Los más mayores se emocionaron. Algunos lloraron y de alguna manera volvieron a verse recogiendo redes. O en el Bar La Marina desde donde se veía pasar una vida que no iba tan despacio como parecía.

'Es un homenaje a los que estaban'

Joan Totusaus lamenta que algunos de los pescadores que vivieron en aquel Calafell no hayan podido ver la maqueta. «La obra es un homenaje a todos los que estaban y que hicieron posible no sólo aquel Calafell, sino que fueron el origen del actual».

Totusaus explica como su obra ha levantado emociones en muchos. «He visto llorar a algunos ante la maqueta. A los mayores y a los jóvenes que escucharon a sus abuelos hablarles de ese Calafell».

Sobre si la maqueta ha de ser una alerta contra el desarrollismo que acabó con aquel Calafell, Totusaus dice que aquellos pescadores hicieron lo que hubiese hecho cualquiera.

‘El mar es muy duro’

«El mar es muy duro. El invierno muy frío. Cuando pudieron vender aquellas casas porque se levantaron edificios con la llegada del turismo hicieron bien. Tenían derecho a vivir mejor».

Sólo quedan tres de las casas que Totusaus ha rescatado en su maqueta. Dos botigues de pescador (L’Espineta y el Pebre negre) y la que fue casa de Carles Barral ya con su identificativo balcón de madera. «El resto ahí estaban. Sólo quedaban en la memoria de unos pocos».


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