"¿Es moral engañar a mi esposa si estoy cien por cien seguro de que ella no se enterará y por tanto no le haré daño?" Dar respuesta a ésta y otras preguntas clásicas del pensamiento es tarea de una página web cuyo fundador, Alexander George, acaba de reunir en un libro algunas de las más sabrosas.
"¿Qué diría Sócrates hoy?", título publicado por Temas de hoy, nace del experimento de este pensador estadounidense que reunió a un equipo de profesores de Filosofía para que acogieran algunas eternas dudas o inquietudes humanas que plantearan los internautas desde cualquier rincón del planeta.
Y así alguno hasta quiso saber "¿por qué debemos respetar a los muertos?" y otro "¿Por qué los humanos le dan mucho más valor a los bienes materiales que a la vida?, todo apuntando una serie de asuntos dispares, incluido "¿Por qué los filósofos convierten las preguntas simples en complicadas y confusas?".
"La Filosofía está en todas partes y en ninguna", plantea como paradoja este autor, ya que "no se sabe a ciencia cierta cuán sabios somos los seres humanos".
Alexander George es profesor de filosofía en el Amherst College (Massachusetts). Doctorado en Harvard, ejerció magisterio en Oxford y sus áreas de investigación van de la Filosofía del lenguaje a la Filosofía de las Matemáticas o la Historia de la Filosofía analítica. Ha escrito obras de humor y ha creado un foro en Internet para resolver problemas de ajedrez.
Desde el 1 de octubre de 2005 hasta diciembre de 2007, su web "Ask Philosofers.org" recibió 1.750 preguntas y ofreció más de 2.300 respuestas, una experiencia que ha dado pie a este título traducido ya a muchas lenguas.
George piensa que las personas debieran beneficiarse de conocer la tradición filosófica más de lo que lo hacen, tratándose de una disciplina para la que "no importa la clase social", "sólo requiere interés, y nada de máquinas ni instrumentos complejos" por tanto "iniciarse en ella resulta de lo más económico".
De ahí que creara esa web en la que muchos filósofos ofrecieron voluntariamente sus conocimientos logrando que las preguntas inundaran la página desde distintos lugares del mundo.
La selección del libro se organiza en torno a cuatro preguntas kantianas: qué es el conocimiento, cómo debemos comportarnos, qué se puede esperar y qué es el hombre.
¿Deberían los tolerantes tolerar la intolerancia?, ¿es posible que una buena acción compense una mala?, ¿hasta qué punto puede el fin justificar los medios?, ¿cómo es que algunos filósofos justifican la guerra? se inquiere en el apartado del deber.
Para responder al que se preocupa por su pareja, George empieza por preguntar "¿cómo se puede estar seguro de que alguien 'jamás descubrirá que lo engañé'?, y puntualiza que, más allá de ese tipo de certezas, el mal no está en el acto de infidelidad en sí, sino en que el engañado "se entere" de que el otro le hizo "un daño real".
Del respeto debido a los muertos podemos pensar -argumenta el filósofo- que "sus razones persistan después de fallecer" o que "el borrar su trabajo o memoria reduce el valor de su vida", pero ante todo explica cómo "de esa práctica general de respeto a los muertos se benefician los vivos".
"Pese a la magia de la tecnología, en lo que concierne a la Filosofía no se ha producido ningún avance en la práctica socrática de la conversación cara a cara con otra persona", constata Alexander George, que se confiesa decidido a poner "en contacto estimulante" a algunas mentes inquisitivas "con las maravillas de una magnífica tradición del pensamiento humano".