El espectáculo se aleja del concepto de circo tradicional e invita al espectador a usar la imaginación y los cinco sentidos
Afortunadamente el circo va ganando poco a poco terreno. Pero hasta hace no mucho, ver espectáculos de circo en las programaciones de los teatros era inimaginable. A pesar de que aún queda mucha batalla que luchar, los que se dedican a ello empiezan a reconocer que el género empieza situarse a la categoría de arte escénica, espacio reservado hasta el momento al teatro, la danza o la música. Prueba de ello es que mañana y el sábado y en sesión doble –a las 20.00 y las 22.00 horas– el jardín del teatro Metropol de Tarragona acogerá la vela del último espectáculo de la compañía catalana Escarlata Circus, dirigida por Jordi Aspa y Bet Miralta , también directores del festival Trapezi de Reus.
En la obra, que se estrenó en el último festival Temporada Alta de Girona –que por primera vez incluía circo en su programación– la vida y la transformación de los alimentos son los ejes de una trama que queda muy abierta a la imaginación y a los sentidos de sus espectadores. «No es ni de circo, ni de danza, ni de teatro, pero en el espectáculo hay dramaturgia, movimiento y proeza escondida dentro del movimiento, del teatro y de la danza», explica Aspa.
Un acto tan cotidiano como cocinar es el punto de partida de una historia cruel que esconde una sorpresa, que debe descubrir el propio público. Lo que se si puede desvelar es que el espectáculo cuenta con la presencia de un animal, que forma parte de uno de los números de la obra. Una práctica ya habitual en los espectáculos de la compañía.
Todo esto pasa dentro de una vela circular de ocho metros de diámetro que, según Aspa, es un espacio efímero que rompe un poco el protocolo del teatro «donde hay una barrera entre espectadores y artistas. Al estar sentado en semicírculo el público es partícipe íntegro de la historia».
La obra se podrá ver también el 26 y 27 de setiembre en Reus, pero antes pasará por Tàrrega, Olot y distintas ciudades francesas.