Fotografías del campo y documentos de supervivientes como Rifaterra o Figueras son el resultado de un excelente trabajo de memoria histórica
Jamás el ser humano sembró tanto dolor. Los tarraconenses pueden visitar hasta el próximo 31 de enero la exposición Imatges i memòria de Mauthausen, un retorno visual a la que fue una de las mayores atrocidades que inventó el nazismo: los campos de concentración y de exterminio. La exposición se centra en Mauthausen, también conocido como ‘El campo de los españoles', y reúne decenas de fotografías y documentos que muestran los horrores y el trato inhumano que sufrieron los vencidos de la guerra civil en España. Las víctimas eran, mayoritariamente, catalanes y aragoneses antifranquistas refugiados en Francia.
Un horror que tuvo unos verdugos y, sobre todo, miles de víctimas. Víctimas. Con nombres y apellidos. Y algunas de ellas, supervivientes aún al dolor del nazismo, a tres décadas de silencio franquista, y al paso de los años, quieren «recuperar» su historia. Es el caso de Edmon Gimeno, de 85 años y natural de Caseres, que pasó cinco años en los campos de exterminio nazis. Su destino, sin embargo, no fue Mauthausen, sino que pasó por tres campos distintos: Bucehnwald, Dora y Bergen-Belsen. Todavía hoy, Gime-no no acaba de entender «esta barbaridad. ¡Todos pensábamos que Europa estaba formada por naciones cultas y civilizadas!».
De Biarritz a Bucehnwald
Gimeno recuerda que «los refugiados no fuimos bien recibidos» en Francia, aunque la izquierda y los sectores liberales «sí que simpatizaban con nosotros». Gimeno estuvo en un campo de trabajo, donde ganaba muy poco dinero. Sin embargo «un día llegaron las milicias de Petain y me detuvieron». A él y al resto de refugiados más jóvenes. «Tenían miedo del maquis y de la preparación de la resistencia», continúa. «Se nos querían llevar a Calais (en el norte de Francia) para trabajar en la construcción de las fortificaciones para prevenir un posible desembarco aliado».
Gimeno y dos compañeros se negaron a ese encargo, y esa misma noche escaparon. Sin embargo, fueron capturados y trasladados a la prisión de Biarritz, para después pasar por el Fort du Hâde Burdeos y finalmente ‘coger' un Convoi de la muerte hacia Bucehnwald desde Compiègne, al noreste de París. Fue allí cuando comenzaron un maltrato y unas humillaciones que duraron unos cuantos años. «El viaje hasta Bucehnwald duró dos días y medio», señala Gimeno. «Dos días y medio de viaje en unas condiciones infrahumanas, desnudos, de pie, sin poderse sentar, sin comer ni beber (...) Nos obligaban a bajar del vagón, con una nieve que nos llegaba hasta las rodillas».
Tiempo para la esperanza
Tras una «buena temporada» en Bucehnwald (que de hayedo, traducción en alemán, tenía poco), Gimeno fue trasladado al campo de concentración de Dora. Allí le tocó trabajar por las noches. «De vez en cuando teníamos momentos de bonanza. Cuando pasaban los aviones (se emociona) cogías una fuerza enorme, te decían que no estabas sólo». Así era. Corría el año 1944. Hitler perdía terreno desde la victoria antifascista del 42 en Stalingrado y entonces llegó el desembarco de Normandía. Ellos lo sabían... En Dora murieron miles de refugiados durante la construcción de una fábrica de explosivos subterránea. Los que sobrevivieron pasaron poco des-pués a otros campos. Pero la liberación estaba muy cerca.
La exposición refleja la sangre fría, el trato inhumano y el dolor que todavía hoy se respira en los alrededores de los campos como Mauthausen. En Dora, por ejemplo, no había crematorios. A los presos se les colgaba. Así aparece también reflejado en algunas fotografías que recopila la muestra elaborada por la entidad Amical de Mauthausen. En ella se puede apreciar incluso el vestido original que llevaban los presos en el campo, y que destacó porque tenía el triángulo de los apátridas con una S (de Spanier) en el centro. La exposición puede visitarse hasta el último día de enero en el tinglado número 4 del Moll de Costa del Port de Tarragona.
Lo que vivieron los padres
En numerosas ocasiones ya la ha visitado Adelina Figueras, que es hija de Josep Figueras, vecino de Fontscaldes de 91 años y que sobrevivió a los horrores de Maut-hausen. Adelina volvió el viernes al Port acompañada de su hija, y coincidió en las instalaciones con Edmon Gimeno y el hijo de Manuel Rifaterra, que también estuvo preso en el campo de concentración de ‘los españoles'. Precisamente, la muestra del Moll de Costa recoge documentos originales que testifican el recorrido de Figueras y de Rifaterra por los campos de la ‘muerte'. En cierta manera, es la única palabra que puede definir tanto dolor.