Los bares y pequeños pubs pagan de 25 a 95 euros al mes por poner música en el local. Los gimnasios y autobuses tampoco se libran de las tarifas
Las tarifas de la Sociedad General de Autores y Editores (la SGAE) levantan polémica día tras día. Si hace unas semanas fueron las peluquerías catalanas las que iniciaron una peculiar campaña contra el canon que les impone la SGAE, ahora ha sido el turno del equipo de fútbol del Badalona, quien ha pedido a sus seguidores que traigan el ‘Himno Oficial’ de casa, ya que el club deportivo no está dispuesto a pagar el canon de 90 euros para que éste suene en su estadio. Las noticias más recientes han ‘izado la bandera’ de los detractores de la SGAE, aunque lo cierto es que las tarifas de canon en los locales con música se vienen imponiendo desde 1987.
Fue la Ley de Propiedad Intelectual la que consagró explícitamente el derecho de autor desde un punto de vista jurídico-moral que –entre otras– plasma que un autor tiene derecho en la participación de las obras plásticas en la reventa de ellas, el derecho de remuneración por copias y el derecho a un porcentaje de los ingresos procedentes de la exhibición de la obra en lugares públicos. Es aquí donde aparece el canon a las peluquerías que utilizan «repertorio musical como amenización de carácter secundario» y que establece que en los locales menores a 50 metros cuadrados se debe pagar una cuota de 6,45 euros mensuales. La tarifa sube en función del tamaño del local.
Música como valor añadido
Precisamente, desde la SGAE entienden que «tener una radio» en la peluquería «le da un valor añadido» al establecimiento que «no tienen los que carecen de un hilo musical». Sin embargo, algunos peluqueros no comparten dicha opinión. Es el caso de María José, que regenta un establecimiento de estas características en Tarragona. «Estoy totalmente en desacuerdo. Las peluquerías son el único lugar donde la gente puede estar relajada. Y por eso es necesaria la música». De momento la peluquería no paga, aunque teme que la medida le afecte pronto.
Según defiende la SGAE, «que las peluquerías paguen el canon demuestra que los delegados territoriales hacen correctamente su trabajo». Por contra, Cristóbal Repullo, presidente del Gremi de Perruquers en Tarragona, destaca que «la pequeña empresa está un poco machacada» y «no es el momento» de aplicar las tarifas, ya que la crisis y la competencia desleal se ceban con el pequeño comercio.
Además, el representante del gremio apunta que «que se compare a las peluquerías con los bares no nos parece demasiado correcto», ya que si el cliente visita las peluquerías una o dos veces al mes, en los bares hay una actividad y una frecuencia mucho más continuada.
De bares y discotecas
Precisamente, los bares tampoco se libran a la hora de pagar derechos de autor, tarifas que varían en función de las características y del tamaño del local así como de los reproductores de audio e imagen que se han instalado en el establecimiento. De esta forma, un bar de unos 50 metros cuadrados pagará 15 euros mensuales mientras que en una disco-pub de 100 metros lo que se queda la Sociedad de Autores es de 95 euros.
Marta tiene un pequeño local en el centro de la ciudad. «Nosotros pagamos a la SGAE desde hace tres años. Y una vez comienzas a pagar, ya no te escaqueas», advierte. «Pero bueno, al fin y al cabo es lo que nos marca la ley». Dice que ellos pagan la cuota cada dos meses, y que la tarifa supera los 50 euros, ya que en el bar tienen varios reproductores.
«Quieras o no, la tasa la notas».
Entre los profesionales de la música, también hay defensores y contrarios a los derechos de autor. El artista tarraconense Miguel Alberto Cruz explica que «hace 20 años si te querías dedicar a la música no tenías otra opción» porque cuando registrabas un disco en el depósito legal, tenías que pasar por la SGAE. Sin embargo, Cruz entiende que con los años, la Sociedad General de Autores «ha quedado controlada por las majors» que dominan la venta y producción de los Cd, los USB y los reproductores de audio. Y todo ello está tras «un mercado en el que la música es lo que menos importa».
La alternativa: el copyleft
El auge de la ‘libre información’ a través de internet ha dado paso a derechos de autor ‘alternativos’ al copyright. La más conocida es, sin duda, Creative Commons. Se trata de una licencia copyleft que se subdivide en otras seis. Y éstas garantizan (en función de la que escoja el autor) el reconocimiento de la autoría de la obra, prohiben su uso comercial y/o limitan la transformación de las obras para crear otras derivadas. Creative Com-mons es una licencia de derechos una licencia que ha calado hondo en la música, así como de fotógrafos y diseñadores que utilizan internet para abrirle al mundo su trabajo.
Sea como fuere, la reacción de las peluquerías o la campaña que ha iniciado el equipo de Badalona han abierto una brecha social sobre los derechos de autor. ¿Por qué se paga el canon de un Cd virgen que utilizas para grabar documentos propios? ¿O por qué unos alumnos deberán pagar a la SGAE para representar una obra de Lorca? Algunos bares de Extremadura incluso le han hecho boicot a la SGAE y han dejado de emitir canciones con licencia copyright. De momento, la opinión no paga ningún canon digital.