Una vez más Joan Pera se vistió de mujer, en esta ocasión para dar vida a una frutera. El monólogo ‘La Glòria del mercat’ no es sólo un espectáculo más del actor, sino que también es un homenaje a su madre. Joan Pera llenó el Metropol en las dos funciones que realizó y el público salió de la sala sonriente y emocionado
Maestro de maestros. Éste es Joan Pera. Durante su trayectoria como actor ha actuado en centenares de teatros, pero La Glòria del mercat es su debut como autor teatral. Y se nota. Joan Pera es un mago de las emociones. Con este espectáculo deja claro que no necesita compañía en el escenario. Él solo llenó el Metropol durante casi dos horas y también vendió todas las entradas para la primera función de ayer y casi todas para la segunda. Joan Pera es capaz de arrancar carcajadas que casi dejan sin respiración y, a los pocos minutos, provocar el silencio en el teatro tras relatar con pelos y señales tragedias que casi causan alguna lágrima, aún con la sonrisa en los labios.
La Glòria del mercat es un homenaje personal que el actor hace a su madre, una paradista. Glòria es una mujer entrañable que se hace querer por el público. Luchadora, graciosa, habladora y un tanto criticona. No carga contra sus clientes que a menudo son pesadas y siempre le piden aquella pieza de fruta que no tiene, sino contra el sistema, un sistema que acaba por hundirle la frutería.
Glòria, como muchas mujeres que están al frente de un puesto en el mercado, empezó recién casada y sin apenas una peseta. Con trabajo y esfuerzo se ganó una clientela ofreciendo unos productos de calidad. Con sus compañeras, en el mercado, hablan de sus maridos, sus hijos e incluso de las noches de locura que experimentaban junto a sus maridos. Esta parte fue la más cómica de toda la obra y con la que el público más se rió y aplaudió a este genio de los diálogos simples, pero cargados de sentimiento. Recordó su primera noche de bodas y las peripecias que vivió con su marido en la pensión El figón de Benavente. Los detalles de esta noche casi desmontaron la mandíbula del público del Metropol. Los asistentes, en su mayoría mujeres de 50 años y más, coquetas y presumidas y que lucieron en el teatro su mejor secado de peluquería, se rindieron ante esta verdulera que relató con todo tipo de detalles la insistencia de su marido en su noche de bodas.
La parte cómica del espectáculo duró unos 45 minutos. A partir de aquí, las risas fueron menos presentes y se concentraron en momentos puntuales. A Glòria se le muere el marido. Glòria sufre en primera persona la competencia de los grandes centros comerciales. Glòria se siente abandonada por el sistema y finalmente, colgada de impuestos a los que no puede hacer frente. No tiene otra salida que bajar la persiana de su parada. Como dijo Joan Pera al terminar el espectáculo, después de quitarse la peluca de mujer: «Este es un homenaje a Glòria, mi madre, y también es un homenaje a todas las mujeres que han trabajado y trabajan en un mercado y también a todas las mujeres que van a comprar al mercado».
Desde los ochenta
El espectáculo sitúa al espectador en los años 80, cuando muchos paradistas podían «ganarse bien la vida e incluso tener una casa en Torredembarra», afirmó. La obra hace un salto y transporta al público al año 92. Lo hace a través de la canción Amigos para siempre y de los Juegos Olímpicos en Barcelona que se oyen por la radio. En esta época empiezan los problemas para Glòria. Los clientes ya tienen más prisa y no hablan tanto en el mercado porque «tienen que ir a ver la telenovela», explicaba Glòria. En el último salto ya estamos en un tiempo presente. Glòria está cansada. Su marido ha fallecido. Su hijo mayor se ha casado y el pequeño «tiene 37 años y un hueso en la espalda que no le permite trabajar, así que lo tengo que mantener», explicaba Glòria, ya mayor. «Cierro porque no puedo competir», confesó la protagonista del monólogo. Sin embargo, aún tuvo fuerzas para proclamar chillando que si fuera joven continuaría luchando, «si fuera joven me pondría bien guapa y atendería a los clientes como si fueran personas y no un número en un papel». El público aplaudió y no sólo eso, sino que más de uno se emocionó con la interpretación que hizo brillar a Joan Pera, una vez más vestido de mujer.