La banda, que celebrará el año que viene su 80 aniversario, es la única orquesta de baile que queda en activo en la provincia
Las fiestas mayores de las ciudades, pueblos y barrios son totalmente inconcebibles sin una orquesta que amenice las noches. Con su música, los ciudadanos disfrutan y por unas horas se olvidan de los problemas que puedan tener, a la vez que mueven un poco el esqueleto. La Orquestra Melodia lleva realizando este ‘servicio social’ desde el año 1931 de forma ininterrumpida, siendo una de las más antiguas de Catalunya.
Un día con la orquesta
Durante el verano, las diferentes bandas van de pueblo en pueblo actuando por las distintas fiestas mayores, y la Orquestra Melodia no es una excepción. Una de estas actuaciones fue hace unas semanas en Vallfogona de Riucorb, el último municipio de la provincia, situado en la Conca de Barberà y que limita con el Urgell. En esta ocasión el grupo fue contratado para ofrecer un baile de tarde y un baile de noche, a partir de las doce.
En la formación podríamos decir que hay dos grupos. El primero es el de los montadores, compuesto por un técnico de sonido, otro de luces y dos montadores de escenario. Estas cuatro personas se mueven con el camión de la banda, llevando consigo el equipo técnico y algunos instrumentos. Generalmente llegan al lugar de la actuación unas tres o cuatro horasde la actuación
Una hora antes de empezar el concierto se les unen los protagonistas: los músicos. Xavier Torné, saxofonista y director artístico de la orquesta, cuenta que «en total somos diez miembros: piano, batería, bajo, guitarra, trompeta, saxo, trombón y tres cantantes, dos mujeres y un hombre». «Los músicos, siempre nos movemos con nuestros coches y quedamos todos allí donde tengamos que tocar ese día», apunta Torné.
Lo primero que hacen una vez han llegado todos es vestirse con la ropa del concierto de tarde. Acto seguido, una rápida prueba de sonido para que luego todo vaya sobre ruedas a fin de evitar imprevistos. Puntuales, empiezan a tocar delante de un público más numeroso del esperado.
El baile de tarde tiene una duración de aproximadamente 90 minutos. Luego, músicos y montadores se dirigen a la localidad vecina de Guimerà, donde podrán cenar en un restaurante.
Cena y baile de noche
La comida sirve para coger fuerzas, hacer un poco de terapia de grupo y relajarse. Hay risas, chistes, alguna que otra valoración sobre lo que hay que hacer en el concierto, conversaciones sobre temas de actualidad, etc. Lo que no hay es mucho tiempo, ya que en una hora hay que volver a estar encima del escenario. Por esta razón los postres y los cafés se toman a velocidad casi de vértigo. Una curiosidad: los cantantes no toman helado, ya que tienen que cuidar la voz y el frío en la garganta podría pasar factura a media actuación. Así pues, vuelta a Vallfogona y rápidamente a cambiarse.
Es momento para el baile de noche y toca ponerse el traje de gala. «Tenemos un traje para el concierto de tarde y otro para el de la noche», comenta Torné. «Hoy viendo que hace fresco también nos pondremos la americana, que no es cuestión de quedarse congelado ahí arriba», explica.
Con unos minutos de retraso sobre el horario previsto, los músicos suben a escena para hacer pasar un buen rato a los asistentes. Al principio la cosa empieza muy fría, la gente no se anima a salir a la pista a bailar; pero después de tres o cuatro temas y de algunas ‘llamadas de atención’ por parte de los músicos, poco a poco el ambiente se caldea. Con el primer pasodoble la fiesta definitivamente coge el ritmo que desean.
El post-concierto
Después de más de tres horas de concierto, con una pausa de 20 minutos, los músicos se retiran del escenario. Son casi las 4 de la madrugada y no hay mucho tiempo que perder. Otro cambio de ropa y todos a los coches con destino Lleida. Allí pasaran la noche, ya que al día siguiente hay otro ‘bolo’ en la Franja de Ponent. Torné explica que «si mañana no tuviéramos que tocar nos iríamos a casa, pero este fin de semana lo tenemos apretado».
A los montadores todavía les queda más de una hora de trabajo para recoger todo el equipo . Terminan pasadas las 5 y ellos, a diferencia de los músicos, se quedan a dormir en Vallfogona. Tan tarde y con el cansancio acumulado no es recomendable salir a la carretera, así que tienen un par de habitaciones reservadas. Eso sí, pocas horas para descansar. Y es que al mediodía tienen que subirse de nuevo al camión.