Las previsiones de los empresarios son peores que las de años anteriores, especialmente por lo que respecta a la llegada de turistas españoles. El número de pernoctaciones podría descender hasta un 5%.
Rafel Villa -
12/07/2008 19:40
El sector turístico aguanta con los dientes apretados hasta ver cómo se concreta la actual temporada y si la tan mencionada crisis –que no afecta únicamente a España, sino a la práctica totalidad de mercados emisores de clientes para este negocio– toca de lleno a unos negocios de gran importancia en la provincia.
Por si acaso, adelantan que podría haber caídas del 5% respecto a las últimas temporadas, aunque el descenso podría ser en realidad bastante mayor. De momento, la ocupación registrada es algo inferior a la del año pasado, pero sólo levemente, y esto puede ser suficiente para respirar con alivio.
El factor que más puede frenar la llegada de turistas a la Costa Daurada este año es de carácter externo, y es el mismo que tanto está afectando a toda industria exportadora –y el turismo se comporta como tal–, el indeseado refuerzo del euro frente a otras monedas.
Los dos principales mercados emisores de turistas a la zona son dos países fuera de la eurozona, Gran Bretaña y Rusia, a los que venir de vacaciones a España se les está poniendo cada vez más caro incluso aunque los empresarios turísticos hagan un esfuerzo para contener los precios dentro del alza del IPC. Con el mismo volumen de libras esterlinas o rublos se consiguen hoy día muchos menos euros que un año atrás.
Al Caribe por 590 euros.
A esto se le suma un factor estructural del sector, la competencia creciente de mercados más exóticos, lejanos pero a la vez con precios más competitivos gracias precisamente al efecto del euro fuerte. No sólo Turquía o Croacia, como zonas cercanas que pueden atraer a mercados que hace años venían a Catalunya a veranear, sino que incluso se puede pasar una semana en el Caribe por 590 euros en hoteles de cadenas españolas de primera categoría, una oferta muy competitiva con la que difícilmente pueden luchar los establecimientos de la Costa Daurada, especialmente los de propiedad familiar.
Al cliente español le puede pesar aún más el efecto de la crisis económica, según comenta Joan Antoni Padró, vicepresidente de la Associació Hotelera Salou-Cambrils-La Pineda, «o incluso la psicosis de la crisis», explica.
El observatorio de la Confederación Española de Hoteles marca una expectativa de estabilidad para el segundo cuatrimestre de este año. El presidente de esta organización, Juan Molas, considera que aunque la economía española se encuentra inmersa en un cambio de ciclo y hay una desaceleración que afecta al consumo familiar, «el sector es optimista y espera una temporada razonablemente aceptable».
Claro que para ello se considera como probable la reactivación del mercado alemán, francés y nórdico, mercados que en los últimos años se han descolgado bastante del turismo de la Costa Daurada.
Por procedencia, los británicos continúan siendo los principales clientes, con cerca del 40 a 45% de la ocupación de los hoteles. El segundo mercado en importancia es el español, que realiza del 25 al 30% de las pernoctaciones y se concentra en el periodo de vacaciones escolares.
El tercer bloque de turistas es el de procedencia rusa, que llega al 15%, y a distancia aparecen otros mercados que habían sido muy importantes en otras épocas pero que actualmente tienen poco peso, como los alemanes, los holandeses o los franceses.Joan Antoni Padró calcula que la temporada podría saldarse con 4 a 5 puntos de ocupación menos que el año pasado.
De hecho, en estos momentos nos hallamos por debajo de las cifras de ocupación de la misma época del año pasado. «No creo que sea una temporada como la del año pasado, pero tampoco será mala», afirma el vicepresidente de la Associació Hotelera Salou-Cambrils–La Pineda.
Tras la magnífica temporada de 2006, 2007 mostró un comportamiento también muy bueno, con una ocupación en julio del 90%. «Si este año pasamos del 85%, ya será mucho», sentencia Padró. El combustible también cuenta. En los campings también se confía en salvar la temporada.
Frente al 70% de ocupación del año pasado en julio, este año también se prevé alcanzar una cifra similar, y se espera que en agosto también se llegue al 90% de la ocupación, según el nivel de reservas existente hasta el momento actual. Eso en los campings del Camp de Tarragona, pero no en Terres de l’Ebre, que tienen unos índices muy inferiores porque el mercado de Barcelona o procedente del sur de Francia se está quedando a medio camino debido a los altos precios del combustible.
Precisamente el encarecimiento del crudo es lo que más preocupa a los empresarios de campings, y no tanto de cara a este año sino para el próximo y el siguiente, ya que es previsible que siga aumentando el precio del combustible y éste es un capítulo que repercute mucho sobre el presupuesto vacacional del cliente de camping.
«Todos vienen en coche, y el encarecimiento del gasoil hace que se planteen realizar desplazamientos más cortos. Al final va a salir más barato viajar en avión que con tu vehículo», afirma Enric Pàmies, presidente de la Associació de Càmpings de la Costa Daurada i Terres de l’Ebre. Pàmies argumenta, además, que los campings están recibiendo como una competencia desleal la bajada de precios que afirma que efectúan los hoteles, obligados por los tour-operadores.
Finalmente, los apartamentos turísticos presentarán una ocupación semejante a la del año pasado o un par de puntos por debajo, según augura Josep Grasset, presidente de la Associació d’Apartaments Turístics de la Costa Daurada.
«En mayo y junio hemos trabajado al ritmo habitual, así que esperamos que la temporada sea también normal. Actualmente, en los que son las poblaciones del centro de la Costa Daurada, estamos entre el 70 a 80%, más o menos igual que el año pasado». Grasset considera que la oferta de la zona en clave de sol y playa todavía funciona, con el considerable refuerzo que supone Port Aventura de cara al turismo familiar.
Peor en el mercado doméstico.
El último Observatori de la Fundació d’Estudis Turístics Costa Daurada muestra el temor del sector turístico ante el comportamiento del mercado español, debido a los efectos que puede tener sobre el mismo la crisis económica.
En este sentido, un 61,3% de los establecimientos encuestados cree que el número de pernoctaciones de clientes españoles será inferior que el del año pasado, mientras que un 25,8% considera que será similar.
En cambio, el número de encuestados que considera que el turismo extranjero reducirá su estancia se recorta al 35,5%, 26 puntos menos que cuando se habla del mercado español.
Estas previsiones pueden estar influidas por el menor número de reservas efectuadas hasta el momento, ya que el turista tiende cada vez más a hacer la reserva a última hora y después de buscar la oferta más competitiva.
Menos dinero para gastar.
La caída del sector de la construcción ha hecho girar los ojos hacia otras actividades que pueden tomar la alternativa como motor económico y generadora de puestos de trabajo.
El turismo era a priori el área en que más confianza se tenía, pero las circunstancias están frenando las expectativas. Las estancias tienden a reducirse y el dinero que gastan los visitantes es menor, lo que incide tanto en los propios hoteles como en el sector de la restauración y negocios afines.
Mientras que el gasto por cliente en 2005 fue de 396 euros durante toda su estancia, en 2006 la cifra bajó a 368 euros y en 2007 cayó a 242, un 34% menos en un año. Joan Antoni Padró recuerda que para la mayoría de los turistas extranjeros el cambio de su propia divisa al euro les resulta mucho más perjudicial que hace unos años, por lo que tienen menos dinero para gastar en destino.
Por otra parte, el fraccionamiento de las vacaciones en diversos periodos a lo largo del año hace que se gaste menos durante la estancia y que ésta sea más breve. En el caso de los campings, el menor gasto se ha traducido en una ocupación más baja de los bungalows –la gama alta de este tipo de establecimientos– mientras que «viene más gente con caravana o tienda de dormir», afirma Pàmies.
Incluso en los apartamentos turísticos, que hace pocos años se alquilaban por meses o quincenas, ahora la tendencia es recortar la estancia a entre 7 a 10 días. Esta situación no se debe a la actual crisis, sino que es una línea que ya venía observándose en los últimos años.