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‘Workend’, la semana sin fin

Las largas jornadas laborales de lunes a viernes provocan que muchas personas se vean obligadas a dedicar los sábados y los domingos a realizar las tareas domésticas del hogar, renunciando a su tiempo de ocio 

Contactar con el autor Javier Díaz - 21/07/2008 12:48
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Un sábado cualquiera. 11.30 de la mañana. Las grandes superficies comerciales están repletas de gente. Es el día elegido por muchos para hacer las compras de la semana, o mejor dicho: es el único día que pueden. La muchedumbre se agolpa en los pasillos, el murmullo es ensordecedor. A pocos metros de allí, las colas en las cajas son interminables. Las máquinas registradoras echan humo. Está claro: no es el mejor momento para dar una vuelta por Les Gavarres o el Parc Central.

Mientras tanto, los más previsores, aquellos que tuvieron un rato entre semana para llenar la cesta de la compra, se ponen el mono de faena para llevar a cabo las tareas domésticas del hogar: barrer, fregar, planchar... cualquier cosa menos pasar su día libre tirado en el sofá viendo la televisión. Bienvenidos a lo que los ingleses han bautizado como workend, una palabra que procede de la combinación de work (trabajo) y weekend (fin de semana).


Este nuevo estilo de vida, en el que apenas hay cabida para el ocio, se debe, principalmente, al alargamiento de las jornadas laborales, la falta de organización  y  la mala  gestión del tiempo. «Nos hemos metido en una rueda de consumo tremendo. Los fines de semana no descansamos, nos dedicamos a hacer cosas compulsivamente. Entre semana tenemos unos horarios laborales muy extensos y rígidos. Si fuesen más flexibles la gente podría organizarse las tareas de otra manera. También es un problema de educación. Las escuelas deberían enseñar a gestionar el tiempo personal y profesional con más eficacia», afirma Consuelo León, investigadora del Centro Internacional Trabajo y Familia de la Iese Business School de la Universidad de Navarra.

Jóvenes y estresados. Los jóvenes son los que más sufren estos estresantes fines de semana. Sus condiciones de trabajo son  más precarias, cobran unos salarios más bajos... «Tienen el mal hábito de quedarse en el trabajo hasta muy tarde. Van toda la semana desbordados. Y cuando llega el fin de semana se dan cuenta de que no han hecho nada, la casa está hecha un asco, no han ido a hacer la compra... Es una cuestión de prioridades. Hay que sentirse dueño de tu propio tiempo y no dejar que la vida laboral te avasalle», señala León.


Esther Sánchez, profesora de Derecho Laboral de la escuela de negocios Esade, plantea otro problema derivado de la sobrecarga de trabajo y la falta de tiempo libre: los riesgos de carácter psicosocial, como el estrés laboral o el síndrome del trabajador quemado. «Es un tema que apenas se ha valorado y que está empezando a aflorar en los últimos años. Una de las afecciones más comunes de la sociedad contemporánea es el estrés. Vivimos en un sistema hiperestimulante», dice Sánchez.


Un estudio del Observatorio de Riesgos Psicosociales del sindicato UGT revela que tres de cada cuatro trabajadores sufren estrés laboral, y tres cuartas partes tienen problemas de salud por culpa de esta situación. El informe indica, además, que siete de cada diez empleados se sienten «quemados» por su trabajo y, como consecuencia, padecen problemas físicos (cefalea, fatiga crónica...), psicológicos (ansiedad, frustración...) y organizativos (absentismo laboral, menor rendimiento...).
Las mujeres mayores de 55 años (31,1%) y los hombres de esa misma franja de edad (26,7%) son los que sufrieron más enfermedades relacionadas con el trabajo en 2007. Dentro de estas dolencias, el 28,2% fueron problemas respiratorios o pulmonares; el 17,3%, dolencias óseas, articulares o musculares que afectaron a caderas, piernas o pies; y el 17%, enfermedades del mismo tipo que repercutieron en la espalda.


Ante esta situación, expertos como Ignacio Buqueras, presidente de la Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles, recomiendan que la vida no gire única y exclusivamente en torno al trabajo. «Hay que darle valor al tiempo y cambiar la cultura del ‘presentismo’ por la de la eficiencia. Confundimos estar en nuestro puesto de trabajo con estar trabajando, dos cosas completamente diferentes. Si una persona hace su trabajo en seis horas, ¿por qué se tiene que quedar ocho? La gente pierde bastante tiempo», concluye Buqueras.

Decálogo para la racionalización de los horarios: 

1 Separe lo personal de lo laboral. Intente seguir la regla de los tres ochos: 8 horas de trabajo, 8 horas de descanso y 8 horas de tiempo libre.

2 Priorice. No todas las tareas pendientes son urgentes, y dentro de las urgencias, unas son más apremiantes que otras. Organice su tiempo en función de éstas.

3 Aprenda a decir no. Le ayudará a gestionar adecuadamente el tiempo y a evitar tareas que no le corresponden dentro de la empresa.

4 Planifíquese. La planificación es la piedra angular de la gestión del tiempo. Algo tan simple como escribir un listado de tareas es extremadamente útil.

5 Sea respetuoso con su tiempo y con el de los demás. Si se ha comprometido a no extenderse más allá de un tiempo en una determinada tarea, cúmplalo y exija a los demás que también lo hagan.

6 Sea puntual. Es una señal de respeto hacia el tiempo de los demás. Si respeta los horarios de sus citas o de comienzo de jornada estará más legitimado para salir puntualmente a su hora.

7 Evite y combata el ‘presentismo’. La competitividad hace que se necesite trabajar mejor. Las empresas cada vez evalúan más a sus trabajadores de acuerdo a sus resultados.

8 Convoque reuniones sólo cuando sea necesario. Son una excelente herramienta para alimentar la comunicación pero a menudo se pueden sustituir por una simple conversación telefónica.

9 Organice sus reuniones para que no se extiendan demasiado. Hay que fijar la hora de inicio y la de finalización. Previamente mande a los participantes un orden del día con los puntos a tratar.

10 Sustituya las comidas de trabajo por desayunos de trabajo. Igual de efectivos para la toma de decisiones pero mucho más breves.





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