El presidente de laReial Societat Arqueològica Tarraconense emepzó a trabajar en una fábrica de terrazo de Tarragona
Javier Díaz -
28/07/2008 12:02
Terminó la carrera de Ingeniería Industrial en junio de 1965, y seis meses después, en enero de 1966, empezó a trabajar como ingeniero en la desaparecida fábrica Industrias del Terrazo, en la carretera de Constantí. Su jornada laboral, de lunes a sábado, era de ocho de la mañana a siete de la tarde (con un rato de descanso para comer), aunque podía extenderse varias horas más si surgía algún imprevisto.
«Fue una experiencia impactante. Yo estaba recién licenciado –se graduó con 25 años– y tenía mucha ilusión. Mis horarios eran muy imprevisibles. Una vez me llamaron a casa a las dos de la mañana para que fuera a la fábrica a solucionar un problema. Entraba muy temprano y algunos días salía a las diez o las once de la noche. En esa época se estaba produciendo un boom de la construcción y teníamos mucho trabajo», recuerda Rafael Gabriel, de 67 años, desde su despacho de la Reial Societat Arqueològica Tarraconense.
Su primer sueldo fue de unas 12.000 pesetas al mes, que por aquel entonces no estaba nada mal. «Vivía en casa de mis padres y con lo que ganaba ahorraba para poder casarme. La vida no era tan cara como ahora», afirma.La fábrica Industrias del Terrazo estaba ubicada en una gran nave industrial y contaba con la maquinaria más avanzada del momento: prensas para pulir el material, cámaras de vapor para fraguarlo... Todo estaba automatizado. «El ambiente de trabajo era muy bueno. Había un trato muy humano con los compañeros», explica.
Como muestra del gran compañerismo que existía, Gabriel recuerda que, cuando llevaba poco tiempo trabajando en la empresa, tuvo que ir a ver al director de Campsa para arreglar un problema de una cámara de vapor, y éste le pidió que no le tratara de usted. «Entre compañeros nos hablamos de tú», le dijo.
Sábados por la tarde libres. Tras un año en Industrias del Terrazo, aceptó una oferta para trabajar en la constructora tarraconense Carcolé Vidal, situada en la calle Santa Joaquina de Vedruna. Su cargo era de director técnico. «Uno de los motivos por los que cambié de trabajo fue que en la constructora tenía los sábados por la tarde libres. El puesto me lo ofreció uno de los socios de la fábrica donde trabajaba», indica.
En esta constructora permaneció 18 años, encargándose, especialmente, de tareas técnicas y de cuestiones relacionadas con la gestión. «Trabajaba con un ordenador Olivetti de 4 kas, uno de los más avanzados de la época. Me apañaba muy bien con él, aunque había días que me daban las once de la noche haciendo cálculos», señala.
Gabriel ha sido siempre muy inquieto, lo que le llevó a ser uno de los fundadores de la empresa ITV, S.A., que se dedicaba al tema de la seguridad y calidad industrial y la inspección técnica de vehículos, tanto coches como, por primera vez, camiones.
'Coge una escalera y pinta un 2 en el rótulo'
Rafael Gabriel fundó, con un grupo de personas más, la empresa ITV, S.A., que se dedicaba a la inspección técnica de vehículos. La compañía contaba con una estación móvil que recorría toda Catalunya para revisar coches y camiones –tenía la concesión desde el Paseo de Gracia de Barcelona hasta Tarragona–. En esa época se produjeron muchas anécdotas –explica–, pero hay una que recuerda de forma especial. El día de la inauguración de la estación móvil en Sant Joan d’Espí, el director general se dio cuenta de que en el rótulo ponía Análisis de Co. Faltaba un 2. Gabriel pidió una escalera y en un momento arreglaron el problema escribiendo el número con pintura. «Estos que habéis hecho nos habría costado dos meses», le comentó el director general.