Dos vecinos explican las molestias ocasionadas por las obras del polémico aparcamiento. Lamentan que, además, ‘debemos ir con cuidado por casa porque la plaza es demasiado alta y nos ven de muy cerca. No tenemos intimidad’
Úrsula Bujalance y Nicolás Artacho viven en el número 4 de la calle Puig d’en Pallars desde 1972. Estos vecinos del polémico aparcamiento Jaume I explican que ven «muy mal» que finalmente se abra el equipamiento, aunque sea de forma convencional, ya que «poner un párking en una zona que debería ser peatonal no tiene ningún sentido».
Estos residentes de la Part Alta lamentaron que «no entendemos porqué se derribó el colegio que había antes para hacer la chapuza que han hecho. Esto es un desastre, ya que como que la plaza no la han podido bajar, la han subido». Artacho reconoció que «cuando estamos en casa debemos correr las cortinas, ya que no tenemos intimidad. La gente que está en la plaza está muy cerca de casa y no podemos ir de cualquier forma. Además, tapa el Rectorat».
En este sentido, el presidente de la Associació de Veïns de la Part Alta, Gabriel Coy, afirmó que «la plaza está muy mal y, además, no nos gusta nada. Las escaleras tienen mucha pendiente, por lo que la gente tiene muchos problemas para acceder».
El concejal de Urbanisme del Ayuntamiento de Tarragona, Xavier Tarrés (PSC), aseguró ayer que con el nuevo proyecto del espacio, el consistorio podría llevar a cabo «algunas mejoras en la zona. Sabemos que tiene algunas deficiencias, como son los respiraderos. También podríamos poner parterres, arreglar la jardinería de la plaza y mejorar su mantenimiento».
El ruido fue espantoso’
Bujalance recuerda que a principios de los años noventa «el anterior alcalde nos dijo que en el casco antiguo no entraría ningún vehículo más, ya que se construiría el párking del Passeig de Sant Antoni».
Artacho argumenta que «ya sufrimos obras durante cuatro años. El ruido era espantoso, no se podía estar en casa. Se movían los marcos de las fotografías y todo. Fue realmente insoportable».
Ahora, esperan que las obras de remodelación del espacio de tres mil metros cuadrados «no nos afecten como entonces». La instalación, que en principio debía funcionar de manera robótica, será finalmente convencional con rampas, y se espera que abra al público en el año 2011 con 350 plazas y un coste global de cerca de 31 millones de euros.
El local, ni en pintura
Por lo que se refiere al local inicialmente previsto para que fuera un centro cívico, el máximo representante de los vecinos aseguró que «no queremos saber nada de este lugar. Que lo utilicen como oficinas o para lo que quieran».
Coy afirmó que «esperamos que el consistorio nos eche una mano para arreglar las cerca de veinte viviendas que sufrieron desperfectos por las obras del aparcamiento».
Dos procesos paralelos
Tarrés afirmó que el hecho de que Aparcaments Municipals haya encargado un nuevo proyecto «no significa que no cumplamos con la legalidad. De momento, el caso está en manos de un juez de Madrid, que es quién debe decidir sobre la liquidación de la UTE con Sistemas Alem».