Desde hace diez años es portavoz de una plataforma que continúa viva. Afirma que la N–340 sigue siendo una carretera peligrosa y confía en que pronto se convierta en una vía urbana
Lluís Hernández es portavoz de la Plataforma Cívica La Móra, organización vecinal que nació como consecuencia del accidente mortal que hubo en la N–340 en 2008, en el que fallecieron cinco personas y varias resultaron heridas al colisionar un camión y un autobús de la Empresa Municipal de Transports (EMT). Hernández asegura que la lucha iniciada hace una década podría no tener final, en función de los resultados que aporte la inauguración de la variante de Tarragona, prevista para el mes de mayo del próximo año. Durante catorce meses los vecinos de La Móra cortaron, todos los domingos, la N–340.
El camino hasta ver realizado el trazado de la variante ha sido largo.
Todo empezó con el accidente mortal del 1 de septiembre de 2008. Después de una manifestación institucional de duelo y solidaridad, unos vecinos pensamos que la cosa no podía quedar ahí. Junto con familias de víctimas, decidimos convocar un corte de la carretera a las cinco de la tarde, al que siguieron nuevas acciones todos los domingos y durante catorce meses.
¿Cómo lograron mantener esta iniciativa reivindicativa durante más de un año?
Todas las semanas hacíamos reuniones para perfilar el futuro. Sabíamos que había un problema: la N–340. Pensábamos que la autopista podría funcionar como autovía y pedimos su gratuidad con la finalidad de descongestionar la carretera, puesto que todos los camiones pasaban por la antigua Via Augusta.
Hubo alguna plantada en el curso de las negociaciones.
El presidente Jordi Pujol nos convocó para hablar de la carretera. Una vez en la Plaça de Sant Jaume comprobamos que no se había llamado a todo el mundo y que faltaban entidades como la Federació d’Associacions de Veïns de Tarragona. Algunos decidimos no acudir a la entrevista y regresamos.
¿Se produjeron intentos para desestabilizar a la plataforma?
Algo de eso hubo, pero lo cierto es que la manifestación de los domingos hizo, en aquella época, que se organizaran otras iniciativas reivindicativas en Torredembarra, en Cambrils o en los barrios de Ponent de Tarragona. Estamos muy satisfechos de la respuesta de la sociedad y de los medios de comunicación, que mantuvieron viva la noticia durante los catorce meses en que nos manifestamos.
Consiguieron la gratuidad de un tramo de la autopista AP–7.
Cuando se produjo el accidente no había ni un dibujo de la variante ni sabíamos si ese proyecto sería la solución al colapso de la N–340. Hoy sigo teniendo dudas. No queríamos promesas, sino realidades. El 11 de noviembre de 1999 se aprobó la gratuidad del tramo entre Tarragona y Salou. La medida se aplicó el 1 de enero de 2000. El paso de 14.000 vehículos diarios por la N–340 hacía necesaria una alternativa con dos carriles por sentido.
Los camiones no cambiaron la autopista por la N–340. Algunos profesionales dijeron que la pendiente de la AP–7 hacía que se consumiera más combustible.
El problema de intensidad de tráfico sigue hoy vigente, a pesar de que la autopista es gratuita. Es posible que se deba a que diez años después hay más vehículos. Un elevado número de camiones sigue pasando por la nacional.
¿Cambiará la situación con la apertura de la variante?
No sabemos si será la solución, porque su conversión de cuatro a dos carriles justo en la rotonda de La Móra puede crear complicaciones. Esperemos que la N–340 se convierta en una vía urbana. Insisto en decir que seguimos teniendo dudas del resultado que ofrecerá la variante.
¿Le satisface el proyecto de la nueva carretera?
La variante hubiera tenido que ser la propia autopista. Todos los grupos políticos de Tarragona estaban de acuerdo. De haber sido así, no se hubiera trinchado el territorio.
¿Qué piensa diez años después del accidente?
Lo que hicimos como plataforma, lo volvería a hacer. Estamos a la expectativa. Si la variante no soluciona el problema de colapso de la N–340 y se acaba la gratuidad de la AP–7, será una nueva provocación. Ojalá nos equivoquemos. En diez años no se han puesto en la carretera nacional las medidas de seguridad que necesita para dejar de ser una vía insegura. La N–340 es una carretera peligrosa.