La asociación catalana que agrupa a estos establecimientos denuncia que muchos quedarán sin control
Norián Muñoz -
21/06/2009 20:36
La semana pasada, el Govern de la Generalitat aprobó el decreto, vigente a partir de julio, que regula la actividad de las ludotecas. La Adminsitración autonómica reconoció de esta manera no tener ningún registro del número de estos establecimientos.
El decreto contenía un matiz que pasó inadvertido en un primer momento. Apuntaba a una cuestión de nombres, hablaba de «los centros que se denominan ludoteca y que quieran mantener esta denominación». Este aspectoes lo que lamentan desde la Associació de Ludoteques Privades Infantils de Catalunya. Dicen que, en previsión de que se produjera el decreto, hay establecimientos que en los últimos dos años ya han abierto con otros nombres como centro infantil, taller infantil, esplai infantil o casal infantil, entre otros.
Y es precisamente en ese cambio de nombre donde la asociación, que reúne a unas 50 ludotecas de Catalunya, considera que se ha perdido una oportunidad de poner orden. Señalan que de esta forma los establecimientos seguirían funcionando sin control.
Sin inspecciones
Noemí Durán, presidenta de la asociación, explica que actualmente, tras la licencia de apertura que otorgan los municipios, estos centros no reciben ningún tipo de inspecciones sobre la actividad que realizan. Las mismas sólo se dan en el caso de que posean servicio de comedor y las realiza el Departament de Salut de la Generalitat. «Nosotros somos los primeros interesados en que exista una regulación para que no hayan centros funcionando sin reunir las condiciones», explica.
En el caso de las ludotecas que ya funcionan con ese nombre, tendrán 18 meses para adaptarse al decreto. Pero la asociación considera improbable la adaptación de los centros privados actuales, «un espacio de juego donde los padres deban permanecer con sus hijos resulta económicamente inviable», dicen. Y es que, según la nueva norma, los niños menores de cuatro años deberán permanecer durante todo el tiempo acompañados de sus padres o por una persona que éstos autoricen.
Mientras, los centros ya están pensando en qué fórmula seguirán. En una ludoteca de Tarragona, que prefiere no dar su nombre, cuentan que intentarán conseguir el permiso como guardería. Explican que si no lo logran, cerrarán.
Esta ludoteca funciona en una zona de la ciudad donde no había plazas de guardería hasta este año. Yolanda López, una madre dice que, «de no haber podido tener a mi hijo aquí estos años, no se cómo lo hubiera hecho. Es el único recurso que hay cerca de mi casa y del colegio de mi hija mayor».
También en Tarragona, Rosa García, de la Ludoteca Xauxa Parc, está planteándose qué harán tanto ella como las familias a las que presta servicio si el establecimiento no puede seguir adelante. De momento, y de cara al verano, se centrará en los talleres que dicta para los niños: reiki, cuentos, cocina, psicomotricidad... Dice que el decreto llega en unos momentos duros: «Cobramos poco y aún así hay muchos padres que ya van apurados».
Otra de las ludotecas que está estudiando la situación es Drac Màgic, de Amposta. Su directora recuerda que su establecimiento ya lleva funcionando trece años y a él siempre han asistido niños de toda la comarca. Dice que «el decreto nos ha caído como una bomba, no se corresponde con la necesidad social que existe», señala.
Un servicio diferenciado
Una de las críticas que ha cosechado el servicio de ludotecas es que muchas funcionan como guarderías de hecho. Noemí Durán asegura que la diferencia principal entre el servicio que prestan ambos centros es que las guarderías deben presentar horarios y grupos estables en el desarrollo de su misión educativa.
Las ludotecas, por su parte, se supone que tienen un horario más flexible y las familias llevan al niño sólo cuando lo necesitan y por el tiempo que les hace falta. Dice, por ejemplo, que muchos usuarios de este servicio tienen circunstancias de trabajo muy peculiares, como en el caso de los padres que trabajan por turnos, o de los niños que están al cuidado de sus abuelos y éstos necesitan de algún tiempo libre.
Es por eso que, asegura Durán, estas empresas ofrecen un tipo de servicio que cubre una demanda social importante y diferente de la de las guarderías. «En Madrid han comenzado a llamarlas Kangurotecas, por ejemplo... Hacen falta, independientemente del nombre que tengan», señaló.