En total, son más de 10.000 las personas de la demarcación que no cuentan con un establecimiento de este tipo en su localidad
Actualmente, 10.697 personas de la provincia de Tarragona no cuentan con una farmacia en su población de residencia. Esto significa el 1,2% de los 888.895 ciudadanos que, según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), habitan en las diez comarcas tarraconenses (Tarragonès, Baix Penedès, Alt Camp, Baix Camp, Priorat, Conca de Barberà, Terra Alta, ribera d’Ebre, Baix Ebre y Montsià).
Según la página web oficial del Col·legi de Farmacèutics (www.coft.org), la demarcación cuenta a día de hoy con un total de 323 farmacias, que están repartidas entre los 183 municipios que forman la demarcación. Las localidades que cuentan con una cantidad más elevada son, lógicamente, Tarragona (55) y Reus (43). Estos municipios están seguidos de Tortosa (13), El Vendrell (11) y Valls (10).
Sin embargo, a día de hoy, 46 términos municipales de la provincia no tienen ningún servicio farmacéutico, como se muestra en el cuadro adjunto en esta página. Esto significa que una de cada cuatro localidades de la demarcación no está cubierta.
Repasando estos datos se extrae que las dos comarcas que tienen más localidades sin farmacia son El Priorat y la Conca de Barberà, con 14 cada una. Les siguen el Alt Camp (10) y el Baix Camp (7). Destaca, además, el hecho de que una población como Querol (549 ciudadanos) no tenga una farmacia, así como Vilaverd (490).
La provincia, ‘bien cubierta’
El presidente de la Associació de Farmacèutics Rurals de Catalunya, Francesc Mateo, considera que la provincia de Tarragona, en general, está «muy bien cubierta», ya que «prácticamente todos» los pueblos de más de 400 habitantes cuentan, como mínimo, con una farmacia.
La asociación de farmacias rurales nació en 1997 y, actualmente, cuenta con unos sesenta miembros. «La ratio es que haya una por cada 2.500 habitantes, como indica el Àrea Bàsica de Salut», afirma Mateo, quien lamenta, sin embargo, que contar con una en una localidad pequeña «hace imposible poder tener vacaciones».
Mateo cuenta con una farmacia en Vinebre desde 1987 y su esposa con otra en Capçanes. «Desde entonces no hemos podido cerrar, ya que para ello deberíamos buscar a alguien que nos cubriera y, sinceramente, eso no es factible», asegura.
Por la noche, con receta
Estos establecimientos sanitarios privados de interés público deben llevar a cabo guardias. En este sentido, el problema surge en el hecho de que se pasa de dar una cobertura a una población, por ejemplo, de 400 personas a una de 10.000. «En el día a día nos complementamos con las necesidades de la localidad y con el médico, pero cuando estamos de guardia tenemos mucha más demanda de productos que muchas veces no tenemos», afirma.
Sobre la obligación de despachar durante la noche, Mateo asegura que en un día normal sólo se hace para las urgencias con receta. «El horario de atención al público está claramente especificado. Por ejemplo, no se puede ir a las tres de la mañana a comprar aspirinas», especifica.