La prueba, a pesar de ser confidencial y gratuita, todavía da miedo. Los heterosexuales, el grupo de afectados que más aumenta, aún no son conscientes de sus conductas de riesgo
Lo médicos insisten: hay una falsa sensación de seguridad que está haciendo bajar la guardia respecto al sida. Y las cifras comienzan a confirmarlo: en el Camp de Tarragona, por ejemplo, el año pasado se registraron 15 nuevos casos de sida; en 2007 sólo habían sido 7 y en 2006 fueron 4.
Pero no sólo importan cuántos casos se detectan, sino cuándo se hace el diagnóstico. El doctor Francesc Vidal, jefe de la sección de enfermedades infecciosas y Sida del Hospital Joan XXII, señala que una tercera parte de los diagnósticos son tardíos, es decir, los pacientes llegan en una fase en que los niveles del virus en sangre son muy elevados y los de defensa son bajos.
El peligro, señala Vidal, es que este paciente es un dispersor del virus, porque podrá hacer una cadena de contagios a otras personas. Además su salud corre mucho más riesgo. «Este año se han publicado dos estudios que señalan que empezar el tratamiento tarde se asocia a mayor mortalidad», explica.
Sin percepción de riesgo
¿Pero por qué si la prueba diagnóstica es gratuita y confidencial hay pacientes que tardan tanto en salir de dudas? La doctora Consuleo Viladés, del equipo del Joan XXIII, considera que tiene que ver con que se reconozca o no que se está frente a una conducta de riesgo. Señala que las personas homosexuales y usuarias de drogas intravenosas lo tienen mucho más claro y suelen realizarse la prueba con cierta periodicidad. No obstante, en el caso de los heterosexuales, el grupo que más crece, no siempre se vislumbra el peligro.
El doctor Vidal recuerda que los heterosexuales deberían tener presente que la transmisión del virus no sólo tiene que ver con el sexo de pago, sino también con el «sexo esporádico con desconocido y sin preservativo».
Reconoce Vidal que el personal sanitario ahora es mucho más proactivo en cuanto a la prueba. «Ahora se la ofrecemos al paciente ante la mínima duda o si vemos factores de riesgo».
Eventos ‘no sida’
Pero otra razón para realizarse la prueba es el hecho de que el propio virus acelera la progresión de otras enfermedades que pueden coexistir en el paciente. «Esto nos ha hecho cambiar el escenario. Antes se esperaba más antes de comenzar el tratamiento», explica el doctor Joaquim Peraire, quien señala que se ha demostrado que el virus del VIH puede acelerar la progresión de otras enfermedades, como afecciones cardiovasculares, artritis, osteoporosis o hepatitis C. A estas enfermedades las llaman ‘eventos no sida’ y hoy son la causa del 50% de las muertes en los pacientes con la enfermedad.
Cambio de protagonistas
Los doctores Vidal, Viladès y Peraire llevan al menos veinte años tratando a pacientes con VIH y sida y han asistido a casi toda la película de la epidemia desde el principio, cuando era «una enfermedad mortal de necesidad», hasta ahora.
Pero si algo ha cambiado en este tiempo son los protagonistas del filme. El primero de estos cambios, señalan, es el factor de riesgo, es decir, cada vez hay menos usuarios de drogas intravenosas. «No son un colectivo marginal, pero puede que lo acaben siendo», vaticina Vidal. Por contra, la vía heterosexual ha aumentado y la homosexual repunta.
El segundo cambio que detectan es que la franja de edad ha cambiado mucho y sigue habiendo gente infectada de poco más de 20 años, pero también de más de setenta años.
Y el tercer cambio es el impacto de la población inmigrante, que en algunas partes de España representa la mitad de los nuevos diagnósticos. En Catalunya ya rondan el 33%.
Discriminación y estigma
Cuando se pregunta a este equipo si hemos equivocado el mensaje cuando repetimos con insistencia que se trata de una enfermedad crónica, responden que no, porque efectivamente es una enfermedad contra la cual existen medicamentos muy efectivos, pero señalan que hay que insistir en las medidas de prevención.
Aseguran los especialistas que en los casos tratados a tiempo y donde no hay hepatitis C el paciente puede tener una expectativa de vida similar a la de una persona no infectada.
El tratamiento, además de ser más seguro y efectivo, también se ha simplificado, y hoy con una pastilla al día se consigue más de lo que se hacía al principio con 20.
También se ha avanzado en la solución a las secuelas que dejaron los primeros tratamientos. De hecho, las operaciones contra la lipodistrofia (pérdida de grasa facial), ya son cubiertas por el sistema de salud. Varios pacientes de Tarragona ya han sido sometidos a estas intervenciones.
Aunque la discriminación sigue allí: «A la gente no le importa hablar en público de que tiene hipertensión o la próstata grande, pero hablar del sida no es tan fácil», señala Vidal.