La persona afectada considera absurda y desproporcionada la sanción por vulnerar la ordenanza de convivencia
Mireia Cortina tiene que pagar 1.125 euros tras haber sido denunciada por agentes de la Guàrdia Urbana, cuando el pasado 5 de septiembre, en un día de lluvia, estaba paseando a su cachorro Bruna por la arena de la playa del Miracle. Según el documento de la sanción expedido por el Ayuntamiento, su acción se califica como «infracción administrativa clasificada en principio como grave» y vulnera la ordenanza general de la convivencia y el uso de espacios públicos de Tarragona.
La persona denunciada considera injusta y desproporcionada la sanción. «No puedo dejar de preguntarme: ¿es posible que sea justo el pago de una nómina mensual por ello?, pues, ¿tanto agravio causé?, ¿mordió a alguien o resultó alguna amenaza?», lamenta. «Era un día nublado y la playa estaba desierta. Por lo tanto, no molestábamos a nadie. Vino y agente y nos dijo: ‘Encima aprovecháis los días de mal tiempo para salir con el perro’», relata Mireia, que tras recibir la multa no se esperaba que la cantidad fuera tan alta. «Pensábamos que no pasaría de los cien euros pero cuando nos llegó la carta nos quedamos a cuadros», dice. «No somos reincidentes y tampoco era un problema de no haber recogido los excrementos. Llevábamos la bolsa preparada por si acaso», comenta Mireia, que llevaba sin sujección a su perra Bruna, entonces de cuatro meses de edad.
«Estoy cansada de ver cada día como leyes permisivas permiten a corruptos y sinvergüenzas seguir aprovechándose de la gente ya sea estafando o haciendo el mal a otros, y se quedan sin una respuesta administrativa coherente. Pagar esta cantidad es algo surrealista y absurdo», explica Mireia, que ha elaborado una carta para recurrir la multa, confiando en que la cifra que tenga que pagar se rebaje.
«La suma de la multa representa la nómina entera de un mes. Además, ella está de baja porque está embarazada de siete meses», añade Adam Gerard, pareja de Mireia, que se se encontraba con ella en el momento de la multa. «Cada día leemos en los periódicos que por robar, agredir o destrozar cosas las multas apenas superan los 180 euros», explica Adam. Denuncian el afán recaudatorio del Ayuntamiento: «Es un abuso multar con 375 euros a jóvenes por comer pipas y tirar las cáscaras al suelo, como pasó en Bonavista. En Barcelona, a dos camellos se les impuso multas de 80 y 190 euros por amenazar a un vecino del Raval. Un par de jóvenes rompieron un retrovisor de mi coche a patadas. La sanción es devolver el coste de la reparación, o sea, unos miserables 40 euros, así que no tienen sentido los 1.125 euros que debo pagar», dice Mireia.