Crece la pobreza autóctona, sobre todo de familias jóvenes y parados que han agotado el subsidio. Este perfil vence por primera vez la barrera psicológica para pedir ayuda
«El éxito absoluto sería que Càritas no tuviera que existir, porque eso significaría que la sociedad no tendría carencias», admite Francesc Roig, director de Càritas Diocesana de Tarragona, que ayer presentó su memoria de 2010. Lo cierto es que ocurre lo contrario: la entidad benéfica ha crecido en ingresos, gastos y, por tanto, en ayudas a los colectivos más necesitados.
Hay más pobres que nunca o, al menos, más personas que demandan ayudas para sus necesidades básicas. Durante el año pasado, Càritas atendió a 79.595 ciudadanos en la provincia, la mayoría (65.614) a través de su programa de acogida y atención, invirtiendo 443.469 euros del poco más de un millón de gasto de la entidad en acción social en la demarcación tarraconense.
Son datos, balances, frías estadísticas tras la que se esconden dramas cotidianos, ya más cercanos que nunca. El perfil del pobre ha cambiado. Si el grueso de atenciones antes se dedicaban a las personas recién llegadas, en algunos casos inmigrantes, ahora surge la figura del pobre autoctóno, maltratado por la crisis y el paro. «Son cifras difíciles de digerir. Es la realidad de la calle, del día a día, del vecinos. Aquella gente que todavía guarda los catálogos de la sociedad de consumo y que ahora te los encuentras y te explican su realidad. Ellos han podido superar esa barrera psicológica que supone tener que ir a pedir ayuda a Càritas», aclara Roig.
Alimentación y ropa
Una gran cantidad de personas han acudido por primera vez a demandar esas ayudas. El resto del perfil viene configurado por parados y familias jóvenes. Son personas que han perdido su trabajo, han agotado el subsidio de desempleo y se han visto incapaces de asumir los gastos de hipoteca o alquiler. En lo que se lleva de 2011, ha seguido esa tendencia de incremento de la pobreza autóctona. Muchos de esos ciudadanos no pueden cubrir las necesidades básicas. En ese sentido, alimentación, ropa y calzado han sido los productos más demandados. Sólo algunas cifras: en el proyecto Necessitats bàsiques, que cubre las carencias puntuales de las familias, se han atendido a 24.591 personas.
En lo que respecta a la iniciativa Filigrana, se han realizado 40.518 atenciones. Se trata de un programa para reciclar ropa. Asimismo, los comedores sociales, ubicados en Montblanc y Reus, han ofrecido menús calientes, servicio de higiene personal o ropa a 418 personas.
‘Minimizar los déficits’
Otro colectivo amparado por la acción de Càritas es de los ‘sin techo’, con un saldo total de 3.979 atenciones. Así, la Casa d’Acollida Sant Auguri atendió a 777 ciudadanos y la Casa Carmen de la Fundació Bonanit 208, mayoritariamente hombres de entre 40 y 49 años; de nuevo, de origen nacional. «Nunca acabaremos de solventar los déficits de nuestra sociedad pero al menos los minimizamos o los hacemos más soportables. Nuestra idea es que, con menos, podamos hacer más y mejor», cuenta Francesc Roig.
La atención a los inmigrantes sigue siendo otra labor fundamental, sobre todo a través de las parroquias, ofreciendo, entre otros, servicios destinados a la regularización de la situación de la persona. Durante 2010, el programa de migración atendió a 2.913 personas. Ante este panorama de incremento de la precariedad, Càritas sigue creciendo. Los ingresos en 2010 subieron un 28%, prácticamente el mismo balance que el gasto total, cifrado en 1,8 millones de euros (la mayor parte –1,2 millones– se destinó a la acción social).
Suben las aportaciones
Los socios suben un 2% y las subvenciones un 9,7%, gracias en parte a las aportaciones de las parroquias y a donativos puntuales. Una pieza clave en el funcionamiento de Càritas es el aumento de los voluntarios. En 2010 se contó con un total de 1.058. «Son voluntarios convencidos, no de estadística, sino de compromiso diario y semanal», comenta Roig. Càritas sigue siendo esa primera puerta a la que acuden muchos desamparados. «Tenemos esa fluidez necesaria que quizás no aporta la administración para ayudar en el momento en que hace falta», comenta Josep M. Castrillo, secretario general de Càritas.
El asesoramiento pedagógico y la sensibilización a infancia y juventud benefició a 906 personas, que además recibieron apoyo escolar o ayudas para comedor. El programa de Gent Gran atendió a 402 tarraconenses en todo el año. En lo que respecta a inserción laboral fueron asistidas 4.396 personas. Cifras y balances que no esconden el drama. «2010 fue un año muy difícil, por esta crisis que no tiene fecha de salida. Tras estos números hay rostros y el esfuerzo de muchos voluntarios», sentenció el arzobispo Jaume Pujol.