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El 42% de los coches que circulan por Tarragona tiene más de 10 años

Miles de vehículos –237.276, según la DGT– pasean todavía la antigua matrícula con la ‘T’ de Tarragona

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ÀLEX SALDAÑA | 27/09/2011 18:32
Las calles de Tarragona se han llenado de vehículos viejos. La matrícula con la T de Tarragona dejó de existir en el año 2000. - LLUÍS MILIÁN

Se acabó el cambiar de coche cada cinco años. La crisis no deja lugar para caprichos y los bancos han cerrado el grifo de los créditos. Como consecuencia, las carreteras de Tarragona se han llenado de coches viejos. De hecho, cuatro de cada diez vehículos que circulan por la provincia tienen más de diez años.

En efecto, en la demarcación de Tarragona hay 561.065 vehículos matriculados, de los que 237.276 tienen una antigüedad superior a los diez años. Y de éstos, 77.704 llevan más de 20 años rodando por las carreteras de la demarcación. Son cifras similares a lo que ocurre en el resto del Estado, aunque en Tarragona se da la particularidad de que el tipo de vehículo más viejo es el autobús, pues prácticamente la mitad de la flota tarraconense supera los dos lustros de vida.

Problemas de seguridad

Los datos provienen de la Dirección General de Tráfico (DGT) y revelan una tendencia tan clara como preocupante. Y es que semejante envejecimiento del parque automovilístico conlleva, en primer lugar, un problema de seguridad para todos los conductores. Y es que parece obvio constatar que «con coches más antiguos se producen, lógicamente, más accidentes», como explica Maite, una joven que trabaja en una aseguradora de Tarragona. «Los coches viejos no disponen de algunos avances tecnológicos, como el ESP –el control de estabilidad–, que tantos accidentes evitan».

Un portavoz del RACC corrobora estas palabras: «Tener tantos vehículos de más de diez años en carretera es un grave problema; los conductores aguantan con el mismo coche todo lo que pueden, a menudo sin pensar en el riesgo que esto conlleva para su seguridad y para la de los demás usuarios de la carretera».

El RACC considera vehículos de ocasión a todos aquéllos que no han cumplido los diez años; los demás son ‘coches viejos’. Lo sabe bien Josep Ramon, quien está dispuesto a comprarse un coche nuevo para cambiar el suyo, aunque se resiste a hacerlo porque, a pesar de estar en un perfecto estado, no le dan nada por él por tener más de diez años. «Me han dicho que está fuera del mercado», se lamenta.  

Miguel, que trabaja en un taller mecánico, tercia en el debate: «Sería injusto decir que todos los vehículos que tienen más de diez años de antigüedad son un peligro rodante; si está bien mantenido, un coche puede rodar durante 20 años». Y añade: «Lo que pasa es que los coches que tienen más de diez años necesitan mucho más mantenimiento, pues al coche ya puede empezar a dolerle todo y tiene que visitar el taller por lo menos una vez al año para someterse a una revisión completa. Eso sin contar con los achaques puntuales, pues a un coche viejo si no le falla una cosa le falla otra».

Dueños sin dinero

Pero ésta no es precisamente la norma. El problema es que por lo general los dueños de estos vehículos viejos no tienen dinero para mantener en las mejores condiciones sus coches. De hecho, conducen esos automóviles porque no pueden permitirse comprarse uno nuevo. «Y claro –dice Miguel–, se limitan a pasar la ITV, arreglar lo justo para poder circular y así ir tirando». Miguel señala que los puntos de seguridad más importantes del vehículo son los neumáticos, la suspensión y los frenos. «Y algo que no se revisa casi nunca, menos aún en los coches viejos: el sistema de dirección o las luces», advierte.

Desguaces bajo mínimos

La situación también afecta a los desguaces. Jordi gestiona uno en las afueras de Tarragona y dice que ya no reciben coches. «Los que antes eran desechados por viejos, ahora son vendidos por un precio muy bajo y siguen rodando». Son los ‘coches mileuristas’, que se han convertido en la única opción para el cada vez mayor grupo de gente con pocos recursos.

Pero Jordi alerta de una práctica cada vez más extendida y que entraña cierto riesgo: «La gente siempre ha venido a nosotros en busca de piezas baratas, pero últimamente llegan muchos pidiendo neumáticos. Les decimos que, aunque vean el dibujo bien, con una huella profunda, son ruedas que han estado abandonadas, expuestas al sol y a la intemperie, y el caucho puede estar reseco o cuarteado, lo cual representa un riesgo enorme. Pero igual se los llevan».

Sea como fuere, lo cierto es que las carreteras se han poblado de vehículos con más de diez años, lo que repercute  negativamente sobre la seguridad vial y el medio ambiente. Y mientras el parque móvil envejece, los modelos nuevos languidecen en los concesionarios, viendo impotentes cómo sus hermanos mayores recorren las calles sobre sus neumáticos gastados.





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