En este centro ‘verde’ se estudia por proyectos. No hay libros de texto, las clases de educación física son en inglés y las familias participan activamente.Temen perder la identidad con la fusión
La fachada de la escuela no deja lugar a dudas; una pintada recuerda: «La Olga no se rinde!, nuestros hijos no son mercancía». Es una respuesta más al anuncio, realizado a finales del año pasado por parte del Departament de Ensenyament, de la fusión del centro con otro igualmente joven, la Escuela Tarragona, ubicada en un centro de nueva creación cerca de Hospital Joan XXIII.
Ensenyament justifica la decisión por el hecho de que en la nueva ubicación habrá espacio e instalaciones suficientes para albergar a los alumnos de ambos centros.
Pero si antes la lucha de la Olga Xirinacs, que cuenta con 120 alumnos, era por un nuevo centro para el cual ya tenían los terrenos, ahora es para que su proyecto educativo no desaparezca. De hecho el AMPA, a la cual pertenece el 100% de las familias de la escuela, ha decidido cambiar el lema de «1 centre nou ja!» que se había visto en numerosas actividades reivindicativas de la ciudad por el de «volem + Olga Xirinacs».
Y es que, si al principio de la escuela, en 2007, la inmensa mayoría de los alumnos llegaban aquí porque no habían entrado en otras escuelas, este último curso todos la tenían como primera opción y debieron hacer sorteo porque había más demanda que oferta de plazas.
Alimento a la curiosidad
Entre las muchas peculiaridades del proyecto de la escuela, destaca el trabajo por proyectos. Partiendo del tema que los niños quieren conocer se realiza una labor de búsqueda de información, procesamiento, resumen y exposición. Asegura la directora, Montserrat ‘Rat’ Cebrián, que se trata de un sistema muy exigente para el docente y las familias para garantizar que se cumplen los requisitos del currículum y a la vez se mantiene motivados a los alumnos.
La experimentación está presente en todas las áreas. Ayer una parte de los alumnos de P5 estaba comenzando a restar, pero en lugar de pizarra, lo hacían con canicas, jugando a adivinar cuántas escondía el compañero. Es lo que llaman «matemáticas manipulativas».
A pocos metros se hallan los Racons de Joc Simbòlic, donde están perfectamente equipados y a pequeña escala el restaurante, el supermercado, el garaje, los bebés, la peluquería, el consultorio del médico y los juegos de mesa. Parte de los juguetes los han traído las propias familias y otros materiales han sido ‘reciclados’ desde los contenedores de la calle.
Y es que, precisamente, la conservación es uno de los valores de la escuela, que consiguió el año pasado la distinción de escuela ‘verde’. Desde que entran en P3 los niños hacen recogida selectiva y mantienen con sus propias manos un huerto. Lo que aquí se cosecha, con la ayuda de un abuelo muy implicado, lo compran los propios padres y se reinvierte en material para el huerto.
El aprendizaje del inglés también tiene un peso importante y ya han conseguido que todas las clases de psicomotricidad y educación física se hagan en inglés, al margen de las horas pautadas para esta asignatura.
El arte, en particular la música, tiene un peso específico. Cada quince días se cambia la música que se coloca en las entradas y salidas del patio. Las familias son informadas, a través de una ficha, de quién es el autor, el tipo de música y dónde encontrar información complementaria.
Y aclaran que, aunque no haya libros de texto, esto no quiere decir que no se lea. Este curso les han concedido un Projecte Puntedu de Biblioteques Escolars. Además, ganaron en 2009 el premio Baldiri i Reixac, modalidad de alumnos, por el proyecto sobre la obra poética Marina, de Olga Xirinacs.
Pero sin duda, de las cosas con que el equipo directivo siente mayor orgullo es la implicación de las familias. En la escuela existen seis comisiones mixtas en las que trabajan conjuntamente los docentes con los padres y algunos abuelos.
A la hora de salir de la escuela encontramos a dos madres preparando pancartas para colgar de los balcones de sus casas. Cebrián reconoce que la idea de la fusión es muy «tentadora» en lo que se refiere a reducir costes, pero espera que la administración encuentre una solución para seguir con el proyecto.