Este año la URV también estudiará leche materna y plasma, entre otros. Hasta ahora los resultados están dentro de lo normal
En las últimas semanas algunos padres de Tarragona y Constantí se habrán sorprendido con una singular circular que traían sus hijos de la escuela. En la misma les pedían autorización para tomar una muestra de un centímetro de cabello de sus niños.
La petición, por inusual que parezca, no es nueva, tal como explica el catedrático de toxicología de la URV, Josep Lluís Domingo, quien explica que es apenas una de las muchas muestras que se han tomado en el entorno de la planta incineradora de residuos especiales de Constantí desde que entró en funcionamiento en 1999.
La instalación de la planta, de titularidad pública y gestionada por una empresa privada, creó mucha controversia entre la ciudadanía y suscitó la protesta de grupos ecologistas. Esa fue una de las motivaciones para que la Agencia Catalana de Residus encargara a la URV un estudio minucioso de los posibles efectos del funcionamiento de la planta sobre el medio ambiente y los habitantes de la zona.
Explica Domingo que una de las grandes ventajas del seguimiento que han realizado es que hicieron un completo ‘blanco’.Se refiere a que realizaron mediciones en suelo, vegetación y personas, antes de la construcción, que tuvo lugar entre el 96 y 98.
Desde entonces las mediciones se hacen cada año, en los mismos sitios de suelo, que acumula contaminantes a largo plazo y de hierba, que lo hace en períodos más cortos.
Además, en humanos se recogen y analizan muestras de sangre, leche materna, cabello y grasa y se estudian numerosos alimentos, todo para saber las concentraciones de metales pesados y dioxinas.
De hecho, este año, además de las 100 muestras de cabello, se recogerán 30 de vegetación, 20 de leche materna, 45 de alimentos y 40 de plasma sanguíneo.
Con un centímetro de pelo
En lo que se refiere a la medición de metales en cabello Domingo explica que se eligen niños porque son la población que ofrece menos ‘sesgo’ para el estudio. Se supone que los que asisten a una escuela viven en una zona determinada de la cual no se mueven demasiado, a diferencia, por ejemplo, de los adultos, que pueden vivir en una zona y trabajar en otra. Además, los niños de una misma clase tienen la misma edad y se supone que también cuentan con una dieta parecida, ya que un grupo importante come en el comedor escolar.
En el caso de las muestras de leche se toman, con permiso de las madres, en los servicios de tocología y las de plasma del banco de sangre, siempre identificando a personas que hayan vivido un período de tiempo significativo cerca de la planta.
El año que viene también toca tomar muestras de grasa corporal para hacer análisis de dioxinas. En este caso lo hacen en colaboración con los cirujanos de hospitales, que siempre con el consentimiento del paciente, les permiten tomar muestras durante operaciones quirúrgicas.
Alimentos controlados
Pero una parte importante de las mediciones anuales que hacen son en alimentos (El año que viene se tomarán 600 muestras). Domingo explica que esto no se debe a que se espere que puedan contaminarse, ( la mayor parte de la dieta que se consume en esta zona viene de lugares muy diversos) sino a que el 95% de las dioxinas y metales que tenemos en el cuerpo las ingerimos a través de la alimentación. Así pues, si existieran resultados anormales, siempre se debería descartar primero una contaminación de los alimentos.
El análisis es exhaustivo, relata, por ejemplo, que si se analizan tomates frescos se toman al menos 20 de diferentes procedencias y se trituran. Es de allí de donde se toma la muestra que se envía después al laboratorio.
Contaminantes a la baja
Explica Domingo que en todos los años que se llevan realizando los análisis, los resultados siempre han estado dentro de las recomendaciones de la OMS. Asegura que en los últimos años han entrado en vigor nuevas leyes medioambientales y eso se nota. Un ejemplo son las concentraciones de plomo, que han bajado drásticamente desde que se dejó de vender gasolina sin este metal.
Cuando se le pregunta sobre si los estudios de la URV están bajo sospecha debido a que los encarga la misma Generalitat, Domingo asegura que el proceso está completamente controlado, comenzando por los laboratorios, siempre los mas especializados. En el caso de la leche materna , las muestras se envían a Finlandia, donde está el laboratorio puntero al respecto.
Señala que hay más formas de control, como por ejemplo, la publicación de los resultados en revistas científicas internacionales, lo que expone los resultados a lo que quieran argumentar otros científicos de diferentes partes del mundo.
De hecho el año pasado la URV tuvo que participar en un concurso público europeo para poder seguir siendo la encargada de este estudio en particular.