Se trata de habilitar zonas seguras en la casa para proteger a las personas ante un asalto en el domicilio
Hace apenas 15 días el cabecilla de la web de descargas Megaupload, Kim Schmitz, fue detenido en su casa. La policía lo encontró armado y agazapado tras la puerta de la habitación del pánico de su lujosa mansión. Fue su última excentricidad, hasta el momento, ya que, a diferencia de él, el común de los mortales utiliza las habitaciones del pánico no para esconderse de la policía, sino para todo lo contrario, para permanecer allí a salvo hasta que los agentes llegan.
Las habitaciones del pánico se pusieron de moda a raíz de una película –Habitación del pánico– de David Fincher en la que Jodie Foster daba vida a una madre que se quedaba encerrada con su hija de tres años en una de estas salas ante la presencia de tres ladrones. Pero hoy las casas blindadas ya no son un lujo exclusivo de las mansiones de Hollywood; cada vez más españoles –y más tarraconenses– han decidido blindar sus sueños construyendo en sus viviendas habitaciones del pánico.
«Es normal», admite un policía de Tarragona. «Antes los ladrones buscaban casas vacías, pero ahora las prefieren con los dueños dentro, pues los amenazan y usan la violencia para que les den lo que tienen escondido, les abran la caja fuerte...».
‘Yo tengo dos en casa’
«Yo duermo cada día en una habitación del pánico. Mandé instalar dos en mi casa. En un primer momento solicité una. De esto hace ya dos años. Lo hice porque tenía miedo. Acababan de robar y apalear al presentador José Luis Moreno, y salían muchas noticias de personas a las que les entraban en casa para robar y a las que los ladrones golpeaban para que les dijeran la clave de la caja fuerte o dónde tenían el dinero. Vivo en un chalet un tanto aislado y me asusté. ¿Quién me podía asegurar que una cosa semejante no podía pasarme a mí o a mi familia?».
Quien así se expresa es un vecino de una urbanización de la zona de Llevant de Tarragona. Muy celoso de todo lo que tenga que ver con su seguridad, pide que no facilitemos su nombre ni cualquier otro detalle que pueda identificarle. Dice que blindar la primera habitación le costó 60.000 euros. «No era algo lujoso; era simplemente una habitación de hormigón con una puerta blindada en la que metimos dos camas que no usábamos si no teníamos visitas. Era para un caso de urgencia».
Pero lo que estaba previsto no utilizar salvo en caso de emergencia se fue convirtiendo poco a poco en un espacio de uso común. «Las noticias sobre asaltos violentos a viviendas no cesaban. Incluso un amigo mío fue víctima de unos ladrones. Él no estaba en casa cuando entraron, pero pegaron a su mujer y pasaron un susto de muerte. Les robaron mucho dinero, joyas y un coche de alta gama. Desde entonces mis hijos dormían cada noche en la habitación blindada –no me gusta llamarla ‘del pánico’–. Eso nos daba mucha tranquilidad. Y al poco tiempo decidimos hacer otra para mi mujer y para mí. Ésta es un poco más grande, también costó un poco más, pero ahora cada día dormimos allí y nos sentimos mucho más seguros. Podrán entrar a casa y robarnos, pero al menos sabemos que los miembros de la familia estamos a salvo. Al fin y al cabo, es lo que cuenta, ¿no? Las cosas materiales se reponen, pero las vidas humanas, no», relata este tarraconense.
Esta familia no es la única de Tarragona que tiene en su casa una habitación del pánico para resguardarse de los ladrones en caso de un asalto a su vivienda. Varias empresas especializadas en instalar estas medidas de seguridad afirman que su negocio va viento en popa y que incluso han realizado varios trabajos en Tarragona.
Es el caso de IPB Systems, una empresa que tiene cinco años en España y cuyo director general, Javier Molina, asegura que han hecho tres proyectos en Tarragona, «desde un pequeño trabajo para una señora que vive sola en un piso y mandó blindar puertas y ventanas de su habitación, hasta otro que es uno de los más ambiciosos que hemos hecho y que todavía hemos de construir para blindar tres habitaciones que conectarían con una habitación del pánico».
Molina dice que el negocio en Catalunya va tan bien y se ha expandido tanto que están a punto de abrir una sucursal en Barcelona. Dice, no obstante, que el mercado ha ido cambiando y que la habitación del pánico cada vez se hace menos, «porque implica que la gente que duerme en otra estancia debe salir corriendo a refugiarse allí; ahora se lleva más blindar una estancia, como el dormitorio, donde la gente con el mínimo esfuerzo se puede proteger con mayor rapidez y sin estar expuesta en ningún momento». Aclara Molina que «hay gente que opta por una habitación del pánico porque en construcciones con muchos ventanales sale más económico que blindar todas las ventanas».
A la hora de realizar un perfil de sus clientes, Javier Molina dice que «por lo general son personas que viven en un chalet aislado. Alrededor del 60% de la gente que les contrata se está construyendo la casa, que es el mejor escenario para instalar una habitación del pánico. El 40% es gente que ya tiene la vivienda construida y generalmente ha sufrido una experiencia traumática y lo quiere de un día para otro. Eso sí, una de las cosas que más pide la gente es que la casa no parezca blindada; cuanto menos ostentosa, mejor». Los clientes exigen un contrato de confidencialidad y piden que no vayan identificados ni uniformados a la hora de instalar estos mecanismos. «No quieren que se entere ni el personal del servicio».
Molina reconoce que una habitación del pánico da mucha seguridad: «Si blindar una habitación te aporta un nivel 4 ó 5 de protección, con una habitación del pánico logras un nivel 15».
75.000 euros
Manuel Gómez, gerente de Hábitat Segura, otra empresa dedicada a la instalación de habitaciones del pánico y que ya ha instalado «ocho o diez en Tarragona», coincide con Javier Molina en destacar la seguridad que ofrecen estos cuartos, al tiempo que destaca que «la cosa va en aumento». De hecho, comenzaron en 2008 y entre 2010 y 2011 su facturación aumentó un 30%.
Él importó la idea de Los Ángeles, en Estados Unidos, «donde cualquier casa tiene una habitación del pánico». Estuvieron más de año y medio trabajando en I+D+I para conseguir que las medidas de seguridad estuvieran lo más integradas posible en la decoración de la casa para que pasaran desapercibidas.
Manuel dice que tardan entre ocho y nueve semanas en instalar una habitación del pánico si la casa ya está construida.
Y habla de cuatro niveles de seguridad: el primero es una puerta antiintrusos que se cierra por dentro. Cuesta 3.800 euros; el segundo nivel es una puerta más una persiana antibalas y antipalanca; el tercer nivel es una puerta corredera oculta, que se cierra cuando salta la alarma de la casa y tarda entre un segundo y un segundo y medio en activarse. Pesa 328 kilos y su precio ronda los 15.000 euros –20.000 si es con domótica–; y el cuarto nivel es lo anterior más blindar las paredes con una placa de 16 mm del mismo acero del que están hechas las panzas de los tanques –harían falta 8 kilos de goma dos para volarlas– con domótica y sensores de movimiento y videocámaras. Esto en una habitación de 30 m2 cuesta entre 72.000 y 75.000 euros. «Nos piden generalmente los niveles 3 y 4. El número 2 es para pisos y apartamentos». Lo más grande que han hecho ha sido un palacete en Jerez de la Frontera que costó 700.000 euros. «Hay gente que tiene mucho miedo... y mucho dinero», dice Manuel.
Ambos, Manuel Gómez y Javier Molina, advierten de que hay que tener cuidado con las alarmas, «porque las más comunes que existen en el mercado se pueden desactivar fácilmente con un inhibidor de frecuencia». Y recomiendan que todos los blindajes estén homologados.
Y es que está en juego la seguridad de las personas más cercanas. Quizá sea por eso sea cada vez más difícil ver en Tarragona casas donde no hay ningún sistema de seguridad, ni una valla.