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En diez años ha cerrado el 40% de las panaderías artesanales

En la demarcación las ventas han bajado hasta un 30 por ciento. Por ello, los afectados denuncian la libre venta de pan

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LAIA RIVEROLA | 05/02/2012 19:35
Sólo nueve pequeños hornos artesanales sobreviven actualmente en Tarragona ciudad. Aunque, hay otras cuatro empresas artesanales pero más grandes como por ejemplo Fleca 2.000 o Vicenç que hacen su propio pan y lo venden en sus tiendas. Así lo explica Jaume Andreu, presidente del Gremi de Forners de Tarragona.
Éste asegura que «la venta libre de pan está perjudicando mucho al sector. La calidad no puede ni compararse pero es el consumidor el que tiene que darse cuenta porque, en gran parte, la situación del sector es por culpa de los clientes». Critica que «sólo los pequeños artesanos sufrimos las inspecciones sanitarias porque nosotros vemos pan incluso en fruterías». Ésa es una de las diferencias con el pan artesana porque «éste va del horno al mostrador  y  el industrial pasa hasta cinco manipulaciones hasta que sale a la venta».
Una lucha de precios
Andreu explica que «quienes compran barras envueltas en envoltorios de plástico, al otro día comen pan de plástico». Sin embargo, «con los costes que tenemos no podemos competir en precios. Pero hemos denunciado a algunas cadenas comerciales por comercializarlo por debajo del precio de coste». El precio lo fija cada panadero pero «no es lo mismo fabricar 100 barras que 50.000». Estos profesionales también reclaman que «se identifique el origen de las barras de pan. Lo mismo que se hace con el pescado o la carne».
Otro de los inconvenientes del pan que venden en grandes superficies y gasolineras es que «como está precocido, una persona no profesional se encarga de cocerlo y a veces lo deja crudo o lo cuece demasiado. Están degradando el pan». Andreu asegura que «la gente es bastante culpable de la situación en la que estamos los panaderos artesanales de toda la vida porque prefiere la comodidad y el precio, renunciando a la calidad y a que continúe una profesión artesanal».
«El Pa de Pagès Català será un pan IGP (Indicació Geogràfica Protegida) y llevará un logotipo que lo indicará. Los panaderos que lo fabriquen cumpliendo con unas condiciones tendrán el logotipo», asegura Andreu, quien lamenta que «las ventas de los pequeños hornos artesanos han bajado entre un 20% y un 30%» y  «la restauración no está ayudando mucho».
La situación actual del sector ha obligado a los profesionales «a fabricar otras variedades como el pan de espelta para entrar en todo el tema de la degustación porque ‘no sólo de pan vive el hombre’», comenta Andreu. En toda la provincia, hace diez años había 480 hornos artesanos. Actualmente son 300. En Tarragona ciudad se ha pasado de 15 hace 10 años a nueve actuales, aunque hace tres décadas había 38 pequeñas panaderías artesanas.





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