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Tarragona fue fallera en la República

Entre 1933 y 1936, la ciudad quemó 13 piras. Inmigrantes valencianos asentados en la ciudad con motivo del auge del ferrocarril impulsaron la fiesta para substituir las típicas hogueras de Sant Joan

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JORDI CABRÉ | 06/02/2012 19:35

Tarragona fue durante cuatro años –en plena República– ciudad fallera. La urbe, 79 años atrás, tenía un gran número de inmigrantes valencianos que habían llegado con la consolidación del ferrocarril. «En aquel momento en Tarragona operaban dos compañías: Ferrocarriles del Norte y la Compañía de Madrid a Zaragona y Alicante (MZA). Ello propició que en la ciudad vivieran un millar de valencianos», explica Magí Benito, un jubilado amante de Tarragona y que a raíz de una fotografía antigua que llegó a su poder se interesó hasta recopilar gran cantidad de material sobre este capítulo de la historia de la ciudad.Los valencianos empezaron a moverse para asentar en Tarragona una de las tradiciones valencianas por excelencia. Se habló con el Ayuntamiento de la época «que vio con buenos ojos que se celebraran fallas, pero les puso una condición: que los artesanos que ayudaran a construirlas fueran vecinos de la ciudad. Según las crónicas de la época, Tarragona también tenía una crisis económica grave», añade este antiguo impresor.En el primer programa de fiestas, de 1933, la comisión fallera explicaba en la presentación qué pretendía hacer: «Enguany, la pira monumental, obra d’artistes, serà una realitat, no solament a València, el seu punt d’origen, ans en major o menor escala a Alacant a Barcelona potser a Castelló... i a Tarragona». El objetivo era darle a las Fogueres de Sant Joan un toque artístico «en forma que arribin a ésser una atracció pels cada dia més nombrosos visitants a Tarragona».
El secretismo de la primera
Antes, en abril, Diari de Tarragona, recogía en una de sus páginas que «tenemos noticias de que los típicos festejos[...] que cada año vienen celebrándose en Valencia [...] con motivo de las fallas que en el mes de marzo se celebran en nuestra hermana capital valenciana, están organizándose para que a título de prueba se lleven a efecto este año en esta artística tierra tarraconense, fiestas que se celebrarán en los días 22, 23, 24 y 25 del mes de junio próximo».
De hecho, los propios valencianos «buscaron una fecha diferente al 19 de marzo para evitar competencia en ambas ciudades», dige Magí Benito, quien añade que «incluso se les cambió el nombre –piras en lugar de fallas– para que fuera una fiesta más autóctona». Sin embargo, la población las llamó fallas y los carteles y programas usaron este nombre para difundir los festejos de aquellos cuatro años.
La primera de las 13 fallas que se construyó y quemó en Tarragona levantó mucha expectación. Las crónicas periodísticas de la época incluso reflejaron el intento por descubrir qué se estaba construyendo en un almacén ubicado fuera de la ciudad y que la comisión fallera vigilaba con mucho sigilio para aumentar la expectación de la primera falla tarraconense que se levantaría en la ciudad.
La Rambla
Ésta se construyó en la Rambla, a la altura del Col·legi Santa Teresa de Jesús, «y era una sátira a la estación central ferroviaria que debía construirse», explica Benito. Con una altura de diez metros, la falla representaba un puente romano construido con sillares y encima una tortuga –que movía la cabeza– y en su caparazón, el edificio de la futura estación encumbrada con las banderas de Tarragona, Valencia y la republicana. Detrás, un carro de la basura tirado por un caballo y un basurero llevaba el antiguo edificio.
«La precisión de la obra fue tal, que la gente se acercaba hasta las mismas narices de la falla para ver si era una persona o un maniquí», explica Benito. De hecho, «el basurero se salvó de las llamas y formó parte de un museo fallero que nunca he podido confirmar ni obtener información sobre si al final cuajó o quedó en proyecto», admite este amante de la historia local.
La primera falla fue todo un éxito. La Rambla se llenó de gente de la ciudad y visitantes de pueblos cercanos –incluso se promovieron los actos falleros en Lleida y otras ciudades más alejadas– que «el propio Diari puso que habrían pasado unas 30.000 personas, una cifra muy elevada partiendo que estamos en 1933», dice Benito.
Cada barrio quiso su pira
El éxito de la primera falla motivo que la idea cuajara y al año siguiente se levantaron seis: en la plaza Francesc Macià (actual plaza dels Carros), en la Rambla, en  la plaza Prim, en la plaza Corsini, en la plaza de la República (plaza de la Font) y en la plaza Fòrum.
«Sin embargo era una época de vacas flacas y la proliferación de las fallas provocó que arrastraran deudas para los siguientes años, lo que obligó a reducir el número para poder soportar los costes», argumenta Magí Benito. Así, en 1935 y 1936 se construyeron tres por año. Los contenidos de la segunda, tercera y cuarta edición mantuvieron la sátira en aquellos temas que más preocupaban al pueblo.
Así, en la falla Llibertats de la vida se hacía una sátira a las libertades (vida, amor, espíritu, culto...). Otra falla hablaba del tranvía que debía unir Reus y Tarragona y que jamás se construyó o la queja de la falta de un museo arqueológico que todavía estaba pendiente de construirse en la ciudad. La compañía telefónica La Canadiense también tuvo su falla en 1935. La ciudadanía se quejaba de la lentitud por tener este servicio y lo caro que era.
La peor falla estéticamente hablando se construyó en la plaza de la República en 1936. Una Eva desnuda sentada encima de una manzana gigante y una serpiente que la rodeaba fue criticada por los ciudadanos y la prensa de la época.
La Guerra Civil empezó casi un mes después de arder las últimas tres fallas de 1936. «Ello interrumpió esta nueva fiesta en la ciudad y después del conflicto ya no volvió. Posiblemente, la penuria y las secuelas de la guerra dejaron enterradas las fallas iniciadas en la República», explica Benito.
En 1990, en la plaza Cronista Sessé hubo un intento de renacer las fallas. Pero su repercusión fue nula y consumida por las mismas llamas que devoraron la estructura.





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